domingo, 10 de noviembre de 2013

CONCESIONES AL DEMONIO, OSCAR SIPÁN


En mi último viaje a Zaragoza compré "Concesiones al demonio" [Nalvay, 2011] de Oscar Sipán [1974, Huesca] No lo compré porque sí, aunque buscaba otros libros de autores de la ciudad. Buscaba Mardeley en venta, de Patricia Esteban Erles, pero al no encontrarlo compré estás concesiones al infierno propio que todos llevamos dentro, escrita por un autor al que conocí  por unas horas muchos años atrás en una de esas entregas  de premios donde intercambias direcciones y teléfonos y luego te olvidas de escribir o llamar. Fue en el año 2000 en el certamen de cuentos Villa de Guardamar. Oscar Sipán era el finalista y yo el ganador.  Si hubiera sido al revés tampoco hubiera pasado nada. Creo que vino con una chica, o quizás su pareja de entonces. El tiempo deteriora los recuerdos. Los relatos se publicaron el el libro de fiestas de moros y cristianos y compartimos un caluroso  y desértico acto de entrega de premios y poco más. Oscar se postuló para volver  a la ciudad costera en la feria de libro, puesto que ya había publicado una novela. Supongo que se trataba de "Rompiendo corazones con los dientes" [1998]. Yo también estuve firmando ejemplares de alguno de mis poemarios. Yo era un poeta que intentaba escribir narrativa con la lentitud de un escriba egipcio manco. El era y es un excelente escritor de relatos. He ido siguiendo su pasos en la nieve del tiempo y de años, aunque sus libros son difíciles de conseguir. Uno es tenaz y a veces logra su objetivo. Concesiones al demonio se nos vende como novela. Da la impresión de que la novela vende más. Y será una novela porque cualquier cosa que este entre dos tapas duras y lleve el nombre de novela, es una novela. A nadie le quepa duda.  A mí se me antoja un estupendo libro de relatos.  6 historias por 7 personajes. La unidad de lugar la pone el edificio Zabullon donde todos viven, conviven, malviven o se ignoran. Las historias se cierran sobre sí mismas. Están construidas con frases tan brillantes que quitan el aliento. Y claro luego está la fauna que protagoniza estos relatos-novela:  la niña de la esvástica; el anciano jubilado, rebelde y solitario; el exciclista profesional enfrentado a la dura rutina de la supervivencia; la mujer madura a la caza y captura del utópico príncipe azul, esa contradictoria y equidistante pareja de escritores que parecen reflejarse cada  uno en el espejo cóncavo  o convexo del otro y ese infiel  vendedor de joyas  a domicilio. Todo con una brillante capa de barniz irónico. Una  impagable galería de personajes inclasificables y de vidas perdidas en el laberinto  del infierno que resulta ser la vida. Porque el infierno no es lo que nos aguarda cuando morimos; el infierno es la vida con todas sus incertidumbres. Concesiones al demonio, sea una novela o un libro de relatos, o ambas cosas a la vez, o ninguna de ellas,  se devora en un par de horas como si fuese una película antigua y te deja durante muchas semanas un sentimiento extraño. La impresión de haber asistido a un deslumbramiento literario.

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