domingo, 17 de julio de 2016

20 CON 2O DIÁLOGOS CON POETAS ESPAÑOLAS ACTUALES ROSA GARCÍA RAYEGO / MARISOL SÁNCHEZ GÓMEZ



En primer lugar, dar las gracias a Marisol Sánchez Gómez, porque sin apenas conocerme o apenas conociéndome 10 minutos, me ofreció presentar esta Antología “20 con 20  Diálogos con poetas españolas actuales” editada por Huerga y Fierro.  Como suelo ser impulsivo y estar un poco loco acepté el envite. Y aquí estamos puestos en materia. Me toca decir algo original, coherente y medianamente entretenido sobre esta antología que, antes o después, alguien con más o menos virulencia, paternalismo o desacierto calificará de antología de género, en el sentido negativo del término, ya que está compuesta solo  por mujeres,  cuando este término debería estar ya superado, y nadie lo aplica a la inversa, cuando es una antología integrada solo por hombres o solo por hombres con su preceptiva cuota  femenina políticamente correcta.  Yo voy centrarme  en un solo aspecto de la misma que me interesa sobremanera como poeta y al que he dedicado mucho tiempo y muchos poemas: las razones por las que se escribe, qué motiva a un hombre o a una mujer a escribir, ya que la antología incluye unas sugerentes poéticas de cada una de las autoras.  Sin embargo antes de adentrarme en un  somero repaso de las diferentes poéticas, un par de comentarios intrascendentes o fuera de lugar. ¿Era necesaria una nueva antología sobre poesía escrita por mujeres tras las que se enumeran en el prólogo por las propias antólogas?  Lo digo porque yo soy de los que opinan que las antologías, sean masculinas, femeninas, mixtas o ambivalentes,  son a la poesía como las encuestas a las elecciones políticas. O sea, que sirven para bien poco o se equivocan mucho. Todo depende de cómo queramos verlas, si como apuesta personal y de riesgo por unos poetas, o como radiografía poética o foto fija de un momento histórico preciso. Habrá que concluir que era necesaria  no solo está antología sino que son necesarias algunas más que incluyan toda la diversidad y riqueza de la poesía escrita por mujeres. Las poetas incluidas en esta antología están lejos de aquellas poetas antologadas en 1953 por José Luis Martínez Redondo en “Poesía femenina” y sobre las cuales el propio editor, que no debía de creer mucho en el material con el que trabajaba, dijo: “Son mujeres sencillas que han escrito su sencilla poesía en las sencillas provincias de España”. Desde luego este comentario es difícilmente aplicable a las poetas aquí seleccionadas. También estamos muy lejos aquí de los términos que el poeta F. Bejarano utilizaba en su artículo “Poetisas” publicado  en 1990 en el Diario de Cádiz: “Las poetisas han tenido tradicionalmente mala fama porque, en general, suelen ser malas escritoras, insustanciales y de escaso interés, repetitivas, monótonas…” Craso error. Nada más lejos de la realidad.
Para  entrar con buen pie en mi breve síntesis  de las poetas antologadas voy a leer un poema de una escritora y poeta norteamericana que quizás debería servir de prólogo a cualquier antología  de género que se precie. O no. El poema se titula “Los mandamientos” y fue escrito por Erica Jong.




LOS MANDAMIENTOS
No querrás de veras ser poet(is)a. Primero, si
eres mujer, tienes que ser tres veces mejor que
cualquiera de los hombres.- Segundo, tienes que
acostarte con todo el mundo. Y  tercero, tienes
que haberte muerto.
[Poeta masculino, en conversación]
Si una mujer quiere ser poeta
debe de dormir cerca de la luna a cara abierta;
debe caminar a través de sí misma estudiando el paisaje;
no debe escribir sus poemas con sangre menstrual.

Si una mujer quiere ser poeta
debe correr hacia atrás en torno al volcán;
debe palpar el movimiento a lo largo de sus grietas;
no debe conseguir un doctorado en sismografía.

Si una mujer quiere ser poeta
no debe acostarse con manuscritos incircunscritos,
no debe escribir odas a sus abortos;
no debe hacer caldos de vieja carne de unicornio.

Si una mujer quiere ser poeta
debe leer libros de cocina francesa y de legumbres chinas;
debe chupar poetas franceses para refrescar su aliento;
no debe masturbarse en talleres de poesía.

Si una mujer quiere ser poeta
debe pelar los vellos de sus pupilas;
debe escuchar la respiración de los hombres durmientes;
debe escuchar los espacios entre esa respiración.

Si una mujer quiere ser poeta
no debe escribir sus poemas con pena artificial;
debe rezar para que sus hijos sean mujeres;
debe perdonar a su padre su esperma más valiente.


Veinte poéticas resumidas en dos folios y medio.  Comienzo por Isabel Fresco, que es también quien inicia por edad la Antología. A ella “La poesía le parece una forma de inteligencia, una manera de entender e interpretar el mundo…y la creación poética  es una especie de revelación…que ilumina y desvela secretas analogías. Todo ello envuelto en un deseo de conocimiento, de belleza y de libertad”. Para ella, escribir es realizar la entrega de uno mismo, regalarse a uno mismo porque sí. Es un acto de amor y un osadía”. Para María Luisa Mora Alameda “La poesía no ha sido elegida por mí. Creo que ha sido ella la que me eligió. Habla de intuición, de realismo y de autobiografía. De que hay muchas razones por las que se escribe, pero que ella personalmente escribe a modo de catarsis, porque a veces la poesía es un asidero y otras veces una luz que guía.” Graciela Baquero Ruibal se pregunta: “¿Cómo hablar de mi poesía cuando la escribo para no dar explicaciones? Ella siente que no es ella la que escribe sino el animal que la habita, la bestia. Y un poco como María Luisa Mora afirma que “no, yo no elegí la poesía, desde niña me alimenté de ella, porque producía en mí un conocimiento mágico que me permitía apreciar la vida con mayor profundidad” Graciela siempre ha entendido la poesía como una forma de conocimiento que se produce a través de la emoción y convierte el poema en una ofrenda”. Tulia Guisado es otra de las poetas que considera que “no eliges la poesía. Un día ardes. Un día miras y ves.” Opina que la poesía surge de una necesidad de decir  y ella escribe para entender, para conocer, para y por ver, para que la realidad sea. Ahondando en el tema, añade: la poesía es la vana tentación de detener el tiempo, el incendio constante. La poesía es reflexión sobre el lenguaje y no es un refugio ni una huida. Es el lugar donde levantar una casa y vivir. Como se ha tomado muy en serio el asunto sigue añadiendo definiciones. La poesía es un vehículo para acceder a otra realidad y al mismo tiempo el lenguaje poético puede ser una forma de ocultarse, una coartada. Y remata. El poema surge del incendio y el fuego es inconsciente, aunque el proceso creativo no. No se va al incendio ni se huye de él. El incendio es uno mismo, en este caso de  una misma. Dos son las ideas que destaca Aurora Luque en su poética. Una es que “la poesía hay que consumirla muy lentamente, saboreándola. Y otra que más que un vehículo de expresión artística, la poesía es el vehículo en el que ella se desplaza por la vida. Dice Isabel Bono: “Escribo porque escribir es no estar. No estar aquí. Escribir es estar en otro lugar o en ninguno.  Para ella, el poeta debería ser un simple médium y la poesía viene de la intuición, y que se escribe para no olvidar y a la vez para añadir perspectiva y añade que ella escribe porque “Escribir me salva. No sé de qué, pero sé que me salva”. Concibe la poesía Mercedes Escolano, como un viaje de introspección personal en el que el poeta deja entrever símbolos que hablan al lector de sentimientos, actitudes vitales, conocimientos adquiridos a lo largo de los años, complicidad y reflexiones sobre la vida. Guadalupe Grande quiere pensar como María Zambrano que la poesía no intenta retener lo que ya tiene…si no que va en busca de lo que aún no tiene. Le gusta creer que la poesía es una estación de ida y vuelta, un laberinto en el que rescata del olvido acontecimientos y seres que han dejado de significar. Para ella la conciencia poética es iluminación y memoria, intuición, presagio y azar. Nos habla Ana Merino de cómo sentía la poesía en su adolescencia como celebración, como un idioma que la representaba. La poesía era una mirada parecida al pensamiento puro que podía definir los sentimientos. La palabra era el instrumento con el que la poeta se construía a sí misma. Vanesa Pérez-Sahuquillo no sabe ni cómo escribe ni de dónde  viene lo que escribe, pero ama la poesía y la concibe como el género de la libertad; un género que ilumina primero el caos y proporciona respuestas a las preguntas. Define la poesía como una pesca misteriosa en la que el objeto capturado en vez de morir adquiere la capacidad de brillar. Para Eva Gallud, la función de la poesía es mostrar la belleza de los lugares indeseables y en un poema define la poesía como un grito absurdo y comenta que se siente libre entre los límites del poema, en la concentración de la idea y en la palabra destilada; y suscribe unas frase de Alejandra Pizarnik: “Todo poeta se define por el ritmo particular de su respiración poética y por una pequeña cantidad de imágenes a las que siempre vuelve”. Raquel Lanseros va directa: Los versos son una traducción en palabras de nuestra propia alma tanto individual  como colectiva. Admira diversas definiciones  ya acuñadas de poesía: como palabra en el tiempo, como lo real absurdo o como ciencia del ser. Miriam Reyes es escueta. Cada poema es una exploración y el poema no tiene un significado.  Escueta también es Ana Patricia Moya: Escribo poemas porque me apetece. Respeto a los poetas vocacionales o profesionales, pero solo escribo por puro desahogo. Ana Vega se enfrenta a la escritura como a un modo de búsqueda infinita. Afirma que la escritura llega donde no alcanzan ni el ojo ni el oído ni las manos. Para ella la poesía es vencer el silencio y tomar las riendas y dice que en su poesía no solo hay verdad  sino búsqueda de la verdad. Firmaría ese aforismo de Marguerite Duras que afirma que escribir es contar una historia que ocurre por ausencia. La poesía es el idioma en el que yo puedo, al fin, explicarme lo que ocurre. Lo que ocurre no es lo que veo o lo que me cuentan cada día, lo que veo está detrás de todo eso, así comienza Isabel García Mellado, para luego continuar  afirmando que la poesía trata de alcanzar la verdad y trata de alcanzarla de un modo intuitivo y termina confesando que escribe porque lo necesita y cuando lo necesita y lo único que persigue cuando escribe es comprender. Sandra Santana entiende el arte en general como un saber de la inutilidad y para ella lo importante en el acto de escribir es la mano, que es la que debe conducir hacia el espacio imaginado donde dibuja aquello que al escritor le gustaría leer, donde delinear con el lenguaje eso que nadie ha visto todavía. Es la mano la que se detiene muda sobre la carne del lenguaje y deja aparecer la blancura de la página. Laura Casielles es rotunda: el acto físico de escribir cuesta, como si fuera el intento de agarrar el agua y esa escritura que cuesta tanto  o es por amor o no es. Y resalta que es por amor en tanto que un acto de amor es compartir. Conclusión; el poema es el gesto de rescatar algo para ponerlo en otras manos. Virginia Cantó   se refugia en las palabras de alguien que alguna vez le comentó que “escribir poesía no consiste en realizar el ejercicio de crear algo sino que es el producto de recrear nada”. De ahí llega a la confirmación de que la poesía es otra forma de nombrar la vida y como la vida no siempre nos contempla con el mismo semblante hay que perseguir el poema que no sea un artificio ajeno a nosotros sino un poema que nos contemple y nos incluya. Y para culminar este 20 con 20, Martha Asunción Alonso que no tiene la más remota idea de lo que es poesía y con total sinceridad nos los confiesa: yo no  sé lo que es la poesía. Según ella, tiene una demonia, como otras tienen una bestia o una mano que escribe los poemas por ella y esa demonia acaricia solo un par de certezas; que la poesía sirve para algo, aunque no separa para qué, y que la poesía tiene algo o todo de llama. Supongo que la demonia que escribe los poemas de Martha Asunción Alonso es la autora de este pequeño verso memorable: Mi alma es el encefalograma plano del poema. Y hasta  aquí les puedo contar. Dejo ante ustedes ,y empleo el término a sabiendas de que se me va a tachar de paternalista o algo peor, este amplio abanico de voces femeninas, o si prefieren algo más del género masculino, este puñados de poetas y versos,  esperando que este somero repaso de las poéticas de las diversas autoras aquí incluidas  les aclare algo sobre el estado actual de la poesía en general, o no,  o sobre el estado de la poesía de género en particular, o, al menos, les incite a comprar esta antología donde, aunque alguna poeta afirma que no tiene ni idea de por qué escribe poesía, y otra se descuelga con que la poesía es catarsis ,y otra insinúa que no sabe ni cómo ni dónde escribe, y alguna confirma que escribe poemas porque le apetece, a modo de desahogo, y un par aluden a que la poesía es el idioma que las representa o con el que pueden explicarse, y  unas cuantas consideran la poesía como revelación o como iluminación, como fuego o como incendio, o como vehículo o como viaje, o como acto de amor o de ofrenda, o como exploración, o como grito, creo que sobran las explicaciones,  porque la poesía es palabra que habla por sí misma y desde sí misma y ensimismadamente,  y en esta antología abunda la poesía que no necesita ni poéticas que la sostengan ni presentadores que la alaben, sino publico que se acerque a ella con devoción; poesía como un refugio, poesía que se defiende por sí misma, como un acto de resistencia frente a las agresiones de mundo, que siempre es presente imperfecto.

sábado, 14 de mayo de 2016

LA EDAD MEDIA LEONARDO CANO


Comienzo esta reseña con una cita de Alberto Fuguet porque me parece muy pertinente cuando nos acercamos a una primera novela de una autor desconocido: Lo importante es por qué vale la pena leer una historia, sobre todo si el tema o la persona no son célebres. Uno lee al final para saber por qué el autor se interesó o le importó tanto la historia como para contarla por escrito...lo que realmente produce la química, la conexión, es la curiosidad -la obsesión-, del autor con el tema que se ha atrevido a enfrentar”. Leonardo Cano, Murcia, cosecha de 1977, es según la solapa de su primera novela Licenciado en Derecho y Máster en Teoría de la Literatura y Literatura comprada Europea y ha sido además abogado, guionista, creativo de publicidad y crítico gastronómico, entre otros menesteres. Se puede afirmar que es también un agudo observador de la realidad social que le rodea y un consumado maestro de la ironía y del sarcasmo. Con este bagaje ha dado el salto a la novela. Una novela ambiciosa de la que sale bastante bien parado según vemos por los comentarios que se han ido publicando en diversos medios y por diversos autores. En La Vanguardia: “constituye una radiografía de los anhelos desbaratados de una generación –las de los ochenta-, que creció con la idea de que el mundo era suyo”. En Artes y Letras, por Joaquín Juan Penalva: “esta novela se perfila como uno de los títulos de narrativa del año…y nos confirma que estamos ante el retrato de una generación a la que le han robado el futuro, ante una relato iniciático, ante una novela de aprendizaje, sobre una generación nacida en la transición y a la que le habían prometido un mundo mejor y más justo y ha acabado encontrándose con  la precariedad más absoluta”. En el suplemento cultural del Mundo, Matías Niéspolo: una deslumbrante ópera prima de una inusitada profundidad y que se balancea entre la furia y el lirismo, entre el humor y la tragedia”. En Culturamas, Pedro Pujante se refiere a esta novela como: “Manual sobre el fracaso en tres tomos, obra vigorosa y adictiva y escrita con pulso de orfebre,  con una trama  en su conjunto deliberadamente banal, que es como un espejo donde al mirarnos descubrimos el reflejo sucio de la frustración, de los anhelos quebrados, del desconsuelo y de la derrota. Pues eso, una novela intensa que reconstruye la realidad a través de una poesía cruel y luminosa”  Porque digámoslo ya, “La edad media” es una novela solvente, entretenida y critica con la dura realidad social que nos toca vivir, muy bien trabada y estructurada y  que se sostiene sobre sólidos pilares literarios y donde brilla con luz propia un sentido del humor desopilante y cruel o al menos así me lo parece. Un sentido del humor que alivia tensiones. De repente en mitad de un párrafo  te encuentras con alguna frase del tipo: “El ascensor es primitivo, se eleva hasta la décima planta con lentitud zen”  O, “El padre es bajo y gordo, la madre es baja y tripuda, y para los dos hijos, seguro que el fiscal no va  a pedir una prueba de paternidad” O en  pag 143. O “M divisa a Julia, que habla dentro con Virginia. Han debido atracar juntas la misma tienda de trajes de lentejuelas”. Y es una novela que trata muchos temas, las crisis de valores de la actual sociedad, el desclasamiento social, el aborto, el machismo latente desde la infancia, el fracaso de los ideales, la corrupción social, laboral, pero también la pederastia en colegios de curas y el acoso escolar entre los propios niños y los hace sin limar aristas, hundiendo el cuchillo de la literatura en el cadáver de una sociedad en descomposición. Como toda buena novela es un lugar habitable, pero hay novelas que son casas de planta baja y novelas que se alzan como edificios de doce plantas. Depende de la ambición del arquitecto. Los materiales para construir una casa de planta baja o un edificio de doce plantas son los mismos, pero la pericia del arquitecto es fundamental. Algunos autores suelen comenzar construyendo una cabaña de paja, pero Leonardo Cano ha optado por levantar el edificio de doce plantas o adentrarse en un circo de tres pistas. Y pistas es lo que no pretendo dar sobre esta novela no sea que me acusen de ser un spolier. Pero algún tipo de cebo tengo que ponerles para que piquen ustedes se vengan a vivir durante unas horas a este lugar donde elhijodelRana, Moya y Fauró conviven en tres tiempos y en tres tramas que  hábilmente se anudan en un nudo marinero al final de la novela. Y es que Leonardo Cano es un escritor potente, en la estela de Mario Vargas Llosa, a quien tanto admira, pero también  fuertemente influido por autores como del Bret Easton Ellys de “American Psycho, o John Cheever, o Saul Bellow y que igual que si construyera un tapiz va cruzando y descruzando los tres hilos de la trama con una precisión implacable hasta que la imagen que pretende darnos de estos personajes desde sus primeros años en el Bosco hasta esa edad media donde parece que ya hemos perdido todas las batallas y el cómodo fracaso de la rutina se ha impuesto a la utopía de los sueños se torna nítida, pero no del todo, porque gran parte del encanto de una novela como “La edad Media” es que la solidez de su estructura a tres bandas y voces distintas y distantes, permite que aparezcan las grietas y las contradicciones de todo ser humano. Al final es tan importante la imagen que nos muestra el tapiz como esos pequeños huecos que dejan pasar la luz en el trenzado del tapiz. Quiero decir con esto que esta es una novela donde lo que se dice no es tan importante como lo que se calla, los silencios, que las revelaciones son tan solo la punta del iceberg y que por debajo de la línea de flotación de la historia hay más leña de la que arde. Para leer correctamente “La edad media” hay  que comprase un bloc de notas y un bolígrafo a ser posible Bic y  saber leer entre líneas, como si estuviésemos leyendo un poema, y hay que dominar el arte de cambiar de voz como los ventrílocuos y ser, también,  un optimista radical para sobrevolar su pesimismo esencial y que cuando lleguemos a esa frase final que cierra la novela: “Y es imposible que esta sea nuestra historia” , el contenido de “La edad media” no nos afecte más allá de lo estrictamente imprescindible. Aunque a buen seguro que como sucede con  toda buena novela ya nos habrá afectado más allá de lo estrictamente imprescindible. No quisiera acabar esta reseña sin elogiar a los editores que se arriesgan a publicar autores nuevos y que apuestan por salirse del canon establecido por las grandes editoriales. Creo que Editorial Candaya compartiría plenamente estas palabras, sacadas como las que encabezan este texto de la novela “Sudor” de Alberto Fuguet. Va por ellos. Editar es, al final, un modo de intervenir en los l debates. A veces es iniciar el debate, otras veces implica cerrarlo o mantenerlo vivo. Me deleita ver gente en el metro o almorzando sola con un libro que nació de mí o con mi ayuda. Me encanta cuando algo que edité pasa a las redes sociales, es un meme, aparece en Instagram. Para eso hay que trabajar libro a libro, que cada libro tenga su propia lógica y resulte, incluso los que no lograron seducir o ser entendidos. Lo importante, creo, es que yo este convencido, que ninguno me provoque culpa o vergüenza, que cada uno, a su modo y siendo fiel a sí mismo, me parezca digno de leer. 


domingo, 1 de mayo de 2016

TRUMBO LA LISTA NEGRA DE HOLLYWOOD JAY ROACH


Que una película como "Trumbo" [2015] dirigida por Jay Roach haya tardado meses en estrenarse en España y que además se estrene con un subtitulo "La lista negra de Hollywood", da una idea del nivel intelectual bajo mínimos de los distribuidores españoles y posiblemente también de los espectadores que acuden masivamente al cine a ver el cine precocinado que nos enlatan últimamente. Éramos cinco en la sala, aunque hay que reconocer que también era sábado por las noche y última sesión. Así nos va. El cartel tampoco ayuda, es más deslumbrante de lo que la película ofrece. Es como si nos vendieran un libro por la tapa. Lo apasionante de "Trumbo" es la interpretación de todos los actores y la defensa de la dignidad personal. Seguramente lo de poner el subtitulo aclaratorio es porque pocos espectadores de los que hoy van al cine sabrán que Dalton Trumbo fue uno de los más reputados guionistas de la época dorada de hollywood  - autor del guion de Vacaciones en Roma o de Espartaco, por ejemplo, pero también de Éxodo-, y uno de los 10 represaliados por negarse a declarar en el  tristemente famoso comité de actividades antiamericanas que buscaba comunistas hasta debajo de las piedras y que estuvo activo hasta 1975. La película es su actor principal Bryan Canstron. Trumbo no fue un hombre fácil y sus contradicciones aparecen relativamente bien señaladas en la trama. Un comunista que amaba el dinero. Pero también un hombre integro y digno que no se dejó doblegar por el sistema. Conceptos como la amistad y la traición se dan la mano. Salen actores famosos que se posicionan en un sentido u otro. Algunos apuntes de comedia ayudan a quitar parte del hierro al asunto. Eso y el personaje pasado de rosca de Helen Mirren interpretando a la odiada Louella Parson. En cierto sentido es una película desequilibrada, pero sus defectos son defectos menores. Y el alegato final de Trumbo cuando le entregan el premio es emocionante por cuando comenta y deja entrever sobre la condición humana.

domingo, 17 de abril de 2016

KIKI, EL AMOR SE HACE PACO LEÓN



Hay días en los que uno está destrozado anímicamente y le apetece ver algo que no le haga pensar demasiado en sus circunstancias vitales y en el nefasto futuro por venir. En las circunstancias vitales de la vida en general y en el nefasto futuro en particular. Lo mejor es ligar con alguien o irse a ver una película erótico festiva. Así se promociona la última película de Paco León: "Kiki, el amor se hace". Hay que tener narices para estrenar una película con ese título. Uno tiene la impresión de que los espectadores van a salir pitando de la sala o que se van a encontrar la sala repleta de frikis con un sin fin de parafilias sexuales como las que nos describe la película. Pero no, "Kiki" no solo es una película agradable de ver, muy bien interpretada y completamente desprejuicidada, sino que ofrece grietas por las que el espectador medianamente inteligente -creo que me estoy pasando con las palabras terminadas en mente-, puede repensar lo que le están contando y sacar sus propias conclusiones. Son varias historias que solo coinciden al final, sobre personajes, unos masculinos y otros femeninos que sufren algún tipo de trastorno sexual que les lleva a excitarse por ejemplo con el tacto de una determinada tela, con ver llorar a su amante, con la violencia de un encuentro sexual forzado o de un cuerpo dormido. Hay otras parafilias colaterales. Aquellos que se excitan con las bragas usadas que vende una adolescente o con los árboles -dendrofilia-. La película no es perfecta, nada en esta vida lo es, y lo que es mejor carece de  prejuicios verbales. Gran parte de su humor es verbal y procede de la manera de hablar de los personajes, de sus monólogos. Inapagables las secuencias del Paco León en los aseos del club de intercambio sexual o la de la llamada a un teléfono erótico realizada por un sordo que necesita traducción visual simultánea. Vamos, que si tienen una mala tarde y no tienen prejuicios a nivel erótico o similar, no tienen más que acercarse a alguno de los cines donde se exhibe "Kiki, el amor se hace", quizás encuentren en ella mucho del encanto y la verdad que Pedro Almodovar ha perdido en su última película. 

sábado, 9 de abril de 2016

JULIETA PEDRO ALMODOVAR


Salí de ver Julieta, la nueva película de Pedro Almodovar con sentimientos encontrados. Por un lado quería darle una tercera oportunidad, o quizás una cuarta y por otro lado estoy un poco harto de que me tomen el pelo cinematográfica y literariamente y ganas me dan de mandarlo todo a paseo, pero entonces solo me quedaría la vida a palo seco, que no es más que un doloroso ejercicio de supervivencia. Mejor seguir confiando en alguna tabla de salvación. Dicho lo cual, Julieta me parece bastante mejor que "La piel que habito" y a años luz de ese desastre sin paliativos que es "Los amantes pasajeros". Pero no sé si eso es suficiente para salvar la película, que por lo que a mí respecta en ningún momento me llega a emocionar, si es lo que el artista manchego pretendía. Basada libremente en tres relatos de Alice Munro, una escritora admirable con tendencia a alargar los cuentos hasta convertirlos en pequeñas novelas, lo que se nos cuenta en Julieta es la historia de una pérdida, o más bien de un abandono. Una ausencia y como toda ausencia, una soledad. Dolorosa, pero por mucho empeño que ponga Emma Suárez en sufrir nunca me la termino de creer  como espíritu sufriente y no por defecto de la actriz, sino porque el argumento es demasiado intelectual y algunas de sus frases y algunos de sus actos son mecánicos y previsibles. Es una versión moderna de Marisa Paredes en "La flor de mi secreto", pero Marisa Paredes podía emocionarme incluso en un acto tan banal y absurdo como  pidiendo a una amiga que le quitase unos botines que le apretaban. Aquí nada disuena demasiado. Almodovar ha cortado todo lo que no tuviese que ver con el drama íntimo de la protagonista. La construcción del guión es férrea, tanto que en ningún momento nos perdemos a pesar de que la película abarca más de treinta años de la vida de la protagonista interpretada en su parte joven por Adriana Ugarte.  Y eso es un punto a su favor.Y sin embargo...algo no funciona. Es puro Almodovar, pero...-Quiero decir que  como de costumbre están sus homenajes: dos planos en dos momentos diferentes de un disco de Ryuichi Sakamoto, un plano que muestra el libro "El amor" de Marguerite Duras, el cuadro descarnado de un autoretrato de Lucien Freud como anticipo del  crudo retrato que nos va ha ofrecer sobre Julieta, la canción en los titulo de crédito finales de Chavela Vargas "Si no te vas", anticipada por un póster de ella en alguna secuencia, ...y a pesar de ello sigo sin emocionarme con esta historia de una hija que al cumplir la mayoría de edad abandona a su madre sin darle explicaciones -que por otra parte no hace falta ser muy listos para intuir-. No corre sangre por las venas de la nueva película de Almodovar aunque es un bonito cadáver, vestido con las mejores galas para la ocasión. Creo que el principal problema no se encuentra en la película sino en el director, que me temo está atrapado entre lo que desea ser y la imagen que los espectadores tienen de él. Un director de melodramas de mucho sufrir, de actrices fuertes, de pasiones violentas y soledades abismales, y la creencia de que sus películas deben responder a este perfil condiciona el resultado, aunque se esfuerce por reinventarse a sí mismo y alejarse de sus tics habituales como por ejemplo el humor disparatado que queda aquí reducido al personaje de "ama de llaves/señora de la limpieza" grotesca que interpreta Rossy de Palma, imitando u homenajeando, quién sabe, al personaje de la señora Damvers en "Rebeca"  [1940] Quedan avisados. No es el mejor Almodovaar, tampoco el peor. Casi podríamos considerarlo una marca de fabrica registrada. Nos ofrece lo que esperamos de él, pero dónde está la emoción, la verdad y la vida que desprendían los personajes de sus primeras películas. Porqué nos creíamos aquellas historias disparatadas de entonces y en cambio somos incapaces de reaccionar a las de ahora. Lo siento, algo se ha perdido en el camino. Y creo que ni el propio director sabe en qué consiste esa pérdida. 

domingo, 27 de marzo de 2016

LA MODISTA JOCELYN MOORHOUSE


Voy a correr el riesgo de afirmar que me lo he pasado muy bien, en  grande, viendo "La modista" de Jocelyn  Moorhouse. Casi todas las críticas que he leído sobre la película son negativas, mucho;  pero a mí se me antoja una estupenda película, rara, bizarra, a contracorriente, con grandes momentos de humor surrealista y de sarcasmo. Si afirmará que es una comedia desmadrada mentiría a medias.También lo haría si dijese que es una comedia romántica. Si afirmará que es un drama o un film noir también mentiría. Si dijese que tiene estructura de western pero resolución de melodrama mentiría en parte. Porque "La modista" es un film híbrido. Su estructura va por un lado, su argumento va por otro y su desarrollo visual por otro. Encajar todas las piezas era difícil y posiblemente la directora no ha logrado equilibrar los planteamientos, pero el resultado es fascinante. Y puede que el tiempo la convierta en una rareza cinematográfica con seguidores que la redescubrirán en cada nuevo visionado Tiene un excelente reparto. Y no me refiero solo a Kate Winslet y a mi admirada Judy Davis desde [Pasaje a la India, 1984] sino también a Liam Hemsworth y al resto de secundarios, especialmente a Hugo Weaving, en su  delicioso papel de inspector de policía con tendencia al travestimo, papel que podría caer en lo patético, pero que salva con una dignidad asombrosa, en una especie de redefinición del personaje que interpretó en "Priscila, reina del desierto" [1994]. Tenemos una pequeña localidad australiana donde Dungatar, donde regresa Tilly Dunnage, maquina de coser en mano, para recordar un crimen que parece ser que se le imputa y del que no recuerda nada y al mismo tiempo ejecutar una venganza por haber sido expulsada del pueblo. El argumento recuerda a otra película no muy apreciada por la crítica, pero que a mí también me gusta mucho "La visita del rencor" [1964] basada en una obra de Dürrenmatt y con la enorme Ingrid Bergman regresando al pueblo para ejecutar su venganza. La entrada  de Winslet en el desolado pueblo tiene todos los ingredientes de un western, pero lo que sigue adopta los aires de un drama familiar con madre soltera alcohólica en un pueblo hipócrita y maldiciente  donde la mayoría de sus personajes parecen  salidos de una película de dibujos animados: la madre del niño asesinado obsesionada por la limpieza y a quien su marido infiel droga para poder tirársela, el farmacéutico con que camina inclinado en ángulo recto y que maltrata a su esposa, la hija de los tenderos empeñada en cazar la hijo de la familia bien, el policía que diseña vestidos para ponérselos, la maestra de escuela  sádica y con tendencias pedófilas. Un pueblo con pretensiones. El tratamiento de los personajes es más esperpéntico que las situaciones. Posiblemente Valle Inclán hubiera estado encantado con estos personajes prototípicos. Incluido el del joven guapo y romántico del que se enamora la protagonista y que en un momento dado de la trama, da un giro dramático al asunto realizando una de esas acciones estúpidas que todos los hombres estúpidos que admiran a superman y se creen inmortales llevan en los genes. Si la película hubiera acabado con la pareja bebiendo champán en lo alto del silo y planeando escapar del pueblo con la madre y el hermano retrasado mental, la película no será la misma. Pero por suerte, nos queda media hora más. La película atesora momentos impagables. Ese homenaje a Gilda en el partido de Rugby, la visita al cine para ver "El crepúsculo de los dioses"; las referencias a Macbeth, al teatro, al blues,  -música para suicidarse-, y a los musicales. Algunas de las replícas de Judy Davis son impagables - Además de asesina, lesbiana-, dice sobre su hija.  Pero sobre todo hay momentos visuales que se quedan agarrados a la retina. Destaca ese humor negro visual que en algunos momentos bordea el ridículo; el grupo de teatro viajando en autobús vestidos con vestuario de la corte del Rey Sol. Pero si somos capaces de ver películas tan delirantes y a ratos cargantes como la última de Sacha Baron Cohen, simple acumulación de gags pasados de rosca, cuando estos mismos gags se insertan en una arquitectura más sólida y rompen las expectativas del espectador, entonces miramos hacia otro lado. Siempre han existido esté tipo de películas raras y bizarras, no hay más que recordar a Robert Aldrich y  "Qué fue de baby Jane?" [1962], John Waters y "Los asesinatos de mamá" [1994] o Robert Altman  y películas como "Popeye"   [1980] , " Una boda"  [1978]  o "Volar es para los pájaros" [1970]. La modista es una película bíblica, una especie de Sodoma y Gomorra australiana con un final  a la altura de estas ciudades. Es divertida y abundan los pecados capitales, incluidos varios asesinatos domésticos.  Si les gusta el humor desenfadado y la critica moderada a la hipocresía social imperante en cualquier sociedad que se forme a partir de dos familias o más, yo no me la perdería. 

sábado, 19 de marzo de 2016

LA HABITACIÓN, LENNY ABRAHAMSON


¿Qué es la habitación? Eso debería preguntarse uno al salir del cine, pero poca gente lo hará. Como mucho se pensará que su primera parte es una obra maestra del cine de terror psicológico, donde no sucediendo nada espeluznante, todo es horror en estado puro, cotidiano, silencioso y por lo tanto más difícil de clasificar;  y su segunda parte, más convencional, un drama familiar. Pero siendo así, yo creo que el mayor horror no está en la primera parte sino en la segunda: en el drama. La primer parte nos muestra la adaptación de una adolescente secuestrada, retenida y violada por su secuestrador y el fruto de esta relación, un hijo de cinco años. En esta parte la situación  malsana es tan cotidiana que apenas hay grietas para que asome el miedo viscoso y el asco moral que debería producirnos la situación de esta chica y su hijo. Dentro de sus limitaciones han construido un mundo a su medida para poder sobrevivir al espanto de la lóbrega realidad. Un mundo fantástico, pero a la vez perfectamente real. Uno puede emocionarse viendo al niño dándole los buenos días a los objetos cotidianos que le rodean como si tuvieran vida propia. El mundo puede ser un lugar muy grande o muy pequeño, depende de nosotros. Los objetos reales adquieren una presencia considerable: las sillas, la mesa, el lavabo, la planta. Incluso los objeto irreales la adquieren, ese perro que el niño imagina que tiene. Una vez que salen del encierro el peso de los objetos y de la fantasía es menor. Aquí en horror se concentra en las personas, en las relaciones humanas; en los traumas, en las frustraciones, en la culpa, en los remordimientos y en los prejuicios. Ese abuelo que no acepta a su nieto porque es fruto del estupro. La propia protagonista que afirma que el niño es tan solo hijo suyo, negando la posibilidad  de que su secuestrador haya intervenido en su concepción. Los reproches de la hija a la madre por haberla educado para que fuera amable con los desconocidos. O ese momento terrible de la entrevista en televisión en el cual la entrevistadora le echa en cara  a la protagonista que hubiera sido tan egoísta que no hubieses  en su hijos y pedido al secuestrador que abandonase al recién nacido  en cualquier parte para que fuese criado en libertad y evitarle el sufriendo de esos cinco años de reclusión. La habitación habla de asuntos muy serios de una forma compleja, contándonos una historia y no dándonos un sermón; es un cuento moral sin moralina: el monstruo de Frankestein  y la niña junto al río; la inocencia profanada. Cine sobre la oscuridad del alma del ser humano. No solo la del monstruo que es el secuestrador, sino la de la adolescente que es secuestrada. Por eso no importa nada que el secuestrador sea o no capturado o que sepamos más detalles sobre su biografía. Él no es importante,  lo que importa es la devastación interior de la adolescente, el abismo al que la arroja. Simplemente una gran película.