domingo, 12 de febrero de 2017

CONFIGURACIÓN DE LA ÚLTIMA ORILLA, MICHEL HOUELLEBECQ


Que uno encuentre más vida y más poesía y más humanidad en el quinto poemario del escritor  francés Michel Houellebecq [1958], titulado; "Configuración de la última orilla" [Anagrama, 2016], aunque el poemario original es de 2013, que en la mayoría de los poemarios escritos por poetas españoles se me antoja un signo de hacia dónde se dirige  la actual poesía escrita en castellano. Quiero decir con esto que en los fríos y a ratos provocadores versos de Houellebecq late un dolor sordo, silencioso, un asco vital, una ternura hostil, una mirada desolada y despojada sobre la realidad  y el ser humano que poco tiene que ver con el estado contemplativo y autocomplaciente de mucha de la poesía que se publica actualmente y que parece ensimismada en mirar una piedra y creerse piedra y en abrazar un árbol y sentir el palpito del universo entero en ese abrazo. La poesía debe ser una lucha entre lo previsible y acomodaticio y el animal salvaje que subyace bajo la capa de cortés hipocresía cultural con que nos ha recubierto la sociedad. La mayoría de la poesía que leo últimamente es de un conformismo radical. Incluida la que las editoriales grandes venden como si fuese poesía  emergente, contracultural  y rebelde escrita por adolescentes no tan adolescentes, músicos, raperos, rockeros y adjuntos. ¿Dónde la grieta? ¿Dónde la herida? Sí que he encontrado eso que busco en los poemas del escritor francés. Poemas breves como destellos de un fuego gélido. Poemas que restallan en el aire como el látigo de un domador de monstruos. No es la vida acaso eso, un monstruo que acaba devorándonos. Y de eso nos habla Houellebecq, de la vida. Una vida donde el autor nos comenta que "Por toda compañía tengo un contador eléctrico". La soledad absoluta. La desolación que procede de los años vividos, cuando se aprende que en verdad estamos solos, completa y absolutamente solos, aunque seamos incapaces de vivir sin el contacto de otro ser humano, aunque sea a nivel sexual e instintivo: "Los hombres solo quieren que les coman el rabo". Como afirma el poeta: "Mi vida es un fiasco total".  Uno puede vivir en mitad de la derrota y del caos. Uno se adapta. Ni siquiera el sexo es una liberación  a cierta edad. Más bien se convierte en otra frustración."Cuando ya no te empalmas, poco a poco todo pierde importancia; Poco a poco todo acaba siendo opcional." La vida opcional es lo que nos deja la vida cuando ya nos ha arrancado los sueños y las esperanzas que nunca debimos soñar ni tener. "Nada es reparable en la vida, / Nada persiste tras la muerte". Ni siquiera el amor que alguna vez justificó la vida, porque el amor  acaba antes, se pierde antes. "Perder el amor es también perderse a uno mismo.// Ya no somos, en sentido estricto, más que sufrimiento." Pero a pesar de todo nos aferramos al sufrimiento, nos aferramos a la vida, porque no nos queda otra cosa a la que aferrarnos. "Quienes temen morir temen, de igual modo, la vida". Puede que el problema esté en nosotros, en los poetas, en esos seres desgarrados que viven la vida preguntándose su sentido y que, quizás, lo sencillo sería, aceptar las cosas tal cual vienen, sin preguntas, sin respuestas. "La vida está ahí, casi dócil, / Simplemente no he tenido suerte". El poeta sigue a vueltas con la vida. "Es la cara B de la existencia". "Cualquier futuro es necrológico". "La vida no tiene nada de enigmático". "Y la fascinación es una segunda vida". "Mi vida es un fiasco total".  Alguna gente se  aferra al amor o a la religión o a las drogas o a cualquier atisbo de luz en mitad de la penumbra de este valle de lágrimas. Houellebecq no. " No existe el amor / (No el de verdad, no lo suficiente) / Vivimos sin ayuda, / Morimos abandonados". Así vista, la existencia se convierte en pura desesperación en las páginas de un libro " Escrito por un cabrón / Y leído por cretinos".  En esa existencia el autor escenifica su propia muerte. " Una muerte suave y deliciosa / En un aeropuerto pequeño // Pon tu lengua sobre mi polla / Antes de que no haya nada de nada". El pesimismo radical del autor se ajusta muy bien a la estructura en ruinas de la vida. Y para rematar o dejo el poema que más me ha gustado de esta "Configuración de la última orilla". Poesía para náufragos.
                     
                         Existir, percibir

                         Existir, percibir,
                         Ser una suerte de residuo perceptivo  (si se puede decir así)
                         En la sala de embarque de la terminal 2D de Roissy,
                         Esperando el vuelo con destino a Alicante
                         Donde mi vida proseguirá
                         Durante algunos años aún
                         En compañía de mi perrito
                         Y de las alegrías (cada vez más breves)
                         Y del aumento regular de las dolencias
                         En esos años que preceden de forma inmediata a la muerte.

domingo, 5 de febrero de 2017

LA PASIÓN SEGÚN DIONISIO, PEDRO JUAN GOMILA MARTORELL


La poesía, como la pasión, no es monolítica. No es una certeza. No es respuesta y casi siempre es duda, herida lacerante, grieta honda, carne apaleada y piel magullada. Dicho esto, existen muchos tipos de poesía. Tantos tipos de poesía como poetas. Sin embargo, hay una poesía insurgente que es riesgo y verdad, símbolo y rabia, meditación y fuego, culturalismo y vida, realidad inhóspita  y deseo insatisfecho. Una poesía que es en sí misma una enmienda a la totalidad, una apuesta a cara o cruz, pues es revelación y sacrificio, principio y fin; una poesía que no sucede sino que se forja en el alma y se piensa en el corazón y provoca los sentidos. A ese tipo de poesía clandestina que ni da certezas ni deja indiferente porque aunque se forje en el alma y se piense en el corazón se escribe con lágrimas y sangre derrama, con esperma y con ira y la mayoría de las veces con las tripas y otras vísceras, a ese tipo de poesía que es como la violación de la intimidad del poeta y está escrita con una mezcla de pudor e impudor, pertenece la poesía de Pedro Juan Gomila Martorell [Palma, 1967] cuya última entrega hasta el momento es “La pasión según Dionisio”, editorial La Lucerna 2016. Una vuelta de tuerca más al ritual de la carne desde la multiplicación de los espejos poéticos, “Arcadia desolada” [2013] y  “En la tierra de Nod” [2015], donde el espectro del poeta se dobla y se desdobla entre la razón de la sinrazón y el instinto, entre la crudeza, la violencia y la belleza del lenguaje  y la metástasis de la angustia existencial. Desde aquella Arcadia a esta Pasión, Pedro Juan Gomila Martorell  ha trazado con sus torrenciales y encendidos versos iracundos un itinerario que está previsto que acabe entre las llamas del fuego purificador y redentor de “Las hogueras de la carne”. O no, quién sabe.  No están demasiado lejos el paraíso del infierno; el útero de la fosa, la madre castradora del hijo  mutilado y exangüe, en los tenaces versos de este poeta  a contracorriente de la aséptica y epidérmica poesía virtual y virtuosa –entendida como dominio de la técnica, pero también como ajena al vicio, que es el sustrato de mucha de la mejor poesía que se ha escrito-,que se practica hoy en día y que las editoriales manufacturan como agua de mayo y producto de lujo para adolescentes emocionalmente narcolépticos.  No, la poesía de Pedro Juan Gomila Martorell, duplicado entre el ser y el no ser, procede del dolor y se sustenta en el dolor, nace de la lucha encarnizada entre el yo y el otro, entre el hombre muerto que camina como un zombi por el mundo y el hombre nuevo que aspira a vivir la plenitud de su deseo prohibido y marginado. Ese es el origen del que fluye el torrente poético de este autor que se debate entre no solo entre el yo y el otro sino entre el nosotros y el yo mismo –entre el no-es-otro-y-soy-yo-mismo-, soy mi  propia prisión mi propia cárcel, la víctima y el verdugo. Claro que la familia ayuda, y la sociedad también. Pero en el fondo, el  dilema  moral e inmoral y la desgarradura carnal son internos, una grieta en el alma, una laceración de los sentimientos. No hay cura para el estigma de la vergüenza. Se lee en alguna parte. Eso lo sabe bien el poeta y con cada entrega poética ha ido colocando los pilares  para construir un puente utópico que no sabemos bien si acabará en la liberación  o en la destrucción total del personaje poético. No hay medias tintas ni versos incruentos, equidistantes o tibios.  La apuesta, ya lo anuncié, es a todo o nada. O conmigo o contra mi naturaleza. Contranatura.  Los cimientos de este puente ni tiemblan ni se agrietan. Son sólidos pues se sustentan sobre la cadencia clásica de un verso barroco y sinuoso, curvilíneo y sagaz que se retuerce sobre sí mismo como un san Sebastián asaeteado por la lujuria de la reflexión. Hay en las tres entregas un anhelo de una patria que es todas las patrias  como un cuerpo es todos los cuerpos. La Arcadia perdida de la infancia cede paso al destierro  del paraíso. “La pasión según Dionisio” apunta soluciones provisionales: Nuestra patria halla su lar en nuestro pecho / que palpita sin temor junto al amado, / consumiéndonos con besos, con abrazos…./ Dejaremos la ceniza de los cuerpos / tras la danza deleitosa del esperma… ¿Acaso vivir no implica encontrar soluciones provisionales para seguir viviendo y sufriendo nuestra herida? Cada cual la suya. La de Pedro Juan Gomila Martorell es la de la carne profanada que maldice en la casa del Instinto.  Hay en todo poema un gesto de impotencia y todo poema acaba siendo al final el monólogo de un espectro, una fantasmagoría, un juego de voces y ecos, de símbolos sacros y profanos, de profanaciones y hierofanias, de fluidos varios y de amputaciones. Los poemas están repletos de sombras deslumbras y de mitologías subyugantes, de referencias no siempre fáciles de entender para le dócil lector actual de poesía precocinada –de ahí el abundante aparato de notas-, de versos contrariados cargados de furor y rabia, la del poeta que se despezada en el poema y trasciende el poema y se ofrece en carne viva, palpitante, en un refinado y ritual sacrificio en forma de auto sacramental sacrílego donde la profanación del yo alcanza la belleza de la palabra enajenada, de la palabra del otro. Porque los poetas, los verdaderos poetas, como los amantes, solo pueden ser y trascenderse en el otro;  porque somos en el espejo del cuerpo ajeno, en el dolor del otro que es el nuestro. Porque siempre somos el otro y el que nos margina. Si la raigambre de la niebla es la materia, la materia del poema es el propio poeta entregado en cuerpo y alga, lo sacro y lo profano ardiendo en la misma llama, lo bello y lo siniestro - ¡Trinchad el pene hervido en los calderos! / Mas mío el corazón. Y es suficiente.-, la brutalidad y la ternura en una misma pasión funesta.  Según Dionisio, o según Pedro Juan Gomila Martorell.

sábado, 4 de febrero de 2017

NUEVAS TEORÍAS SOBRE EL ORGASMO FEMENINO, DIEGO SÁNCHEZ AGUILAR


"Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino", escrito por Diego Sánchez Aguilar  [Cartagena, 1974],  doctor en literatura, profesor de enseñanza secundaria y poeta y narrador a tiempo indefinido, es un libro de relatos  insólito y solidario, un libro de relatos que descoloca y para dejar las cosas claras desde el principio un estupendo y brillante libro de relatos sobre la hipocresía social y sexual. Y para afirmar que se trata de un brillante y estupendo libro de relatos no hay que ser un lince ni un adivino ni un vidente, ya que su calidad viene avalada por la concesión del premio Setenil al mejor libro de relatos publicado en 2016. Y además es el primer libro de relatos del autor. Este libro habla de sexo  explicito, implícito y polivalente y, también,  de cosas que tienen que ver con el sexo y sus alrededores: masturbación, voyerismo, relaciones extramatrimoniales, penetraciones varias, conducción temeraria,  celos, pornografía, drogas, turismo sexual, mulatos, pero sobre todo habla  de literatura y de para qué coño sirve la literatura, suponiendo que la literatura sirva para algo. Si piensan que esta reseña está un poco subida de tono, esperen a leer el primer párrafo del primer relato. José Luis tiene una erección tremenda. Si uno reseña un libro que empieza así, tiene que estar a la altura, o un poco por debajo. No conceden el premio Setenil a la mejor reseña del año. Eso lo tengo claro. No me hago ilusiones al respecto, pero el amor propio es la primera ley del sexo no correspondido y de la literatura universal.  Y sexo no correspondido y literatura hay mucha en estos siete relatos de palpitante actualidad e insatisfactoria realidad. Y aquí introduzco el término realidad que es parte fundamental de la ecuación narrativa que propone Sánchez Aguilar.  El otro, el sexo, ya lo habrán intuido ustedes a poco que sean  poco intuitivos a estos niveles.  Realidad sexual, sexualidad real, el orden de los términos si altera el producto y además nos aleja del objetivo que late en el fondo de la propuesta de este libro, aunque sí que hay un aspecto o una derivada que interesa: la realidad y el sexo se llevan a patadas, o a contrapié o son algo contranatura. Elijan ustedes el concepto que más les guste. Como su propio título  señala–por muy irónico  y sardónico que sea-,  este es un libro de tesis, un libro de relatos de tesis pero sin moral ni moraleja, en el cual el sexo es el macguffin como en las películas de Hitchcock. Así  nos aproximamos confiada y festivamente a  esa cruda realidad edulcorada  con aromas afrodisiacos  y carnales por el autor que además  pretende vendérnosla envuelta en celofán, como el tahúr que sabe que está vendiendo gato por liebre. Sánchez Aguilar se disfraza de entomólogo social y de antropólogo sexual  y selecciona un pequeño pero certero  catálogo de personajes reales y mediocres como la vida misma para viviseccionarlos y mostrarnos sus vicios y virtudes al natural.  Sobre todo sus defectos, porque, quién lo duda, el hombre es imperfecto por naturaleza y cuando esa naturaleza es de orden sexual, entonces, la imperfección es doble.  Ya que en el ser humano, el sexo es la distancia más corta entre la realidad y el deseo.  De eso hablan estos relatos, de lo que los seres humanos desean o creen que desean y de lo que obtienen en realidad y de las consecuencias  y daños colaterales que eso genera en el entorno: soledad, frustración, ira, incomunicación.  El autor fiel a su aplicada tarea de entomólogo antropológico o de antropólogo entomológico, se ha propuesto abrir en canal la banalizada sociedad actual y utiliza el sexo como el bisturí con el que diseccionar  la realidad de una clase social, la clase media, una clase social desclasada, inclasificable, y sin conciencia de clase media, y recurre a la ironía y al sarcasmo como  anestesia para que el lector no salga por pies y espantado ante el resultado del diagnóstico. Para ello ha seleccionado un exquisito catálogo de ejemplares mediocres, vulgares  y anodinos que cubren todo el espectro de la grama de grises  que abunda en la clase media y ha elegido esos momentos típicamente tópicos –una cena de empresa, un viaje de mujeres solas a Cuba, un encuentro de antiguos alumnos de  instituto- dónde el alcohol y la nostalgia y el rencor por la deudas pendientes de la vida nos muestren ese animal malherido emocionalmente que es el ser humano en general.  El reparto de protagonistas no tiene desperdicio: José Luis, 39  años, empleado de banca, casado con una hija; Anselmo Alonso, 41 años, soltero, tímido, cien kilo, trabajador de correo; Aurora, cuarenta años, separada  trabajadora de La Caixa;  Francisco y Marta, matrimonio en la cuarentena con un hijo que viven ya dentro del apacible mundo sin sexo; Paula González, 40 años, casada con hijos, trabajadora en un hospital; Vicente, 30 años casado, culto, moderadamente feminista y liberal, pero celoso; y  Fernando, 30 años , 184, soltero, sin ideales políticos, fotógrafo publicitario. Con este reparto y contándonos las historias en presente inmediato, porque todos sabemos que el presente anterior es pasado y el presente posterior se confunde con el futuro y que el presente inmediato  nos permite meternos de cabeza en la historias y verlas y sentirlas y vivirlas desde dentro como si nosotros fuésemos parte de lo que sucede, como si nosotros fuésemos  José Luis teniendo una tremenda erección mientras piensa si Cristina lleva o no lleva las bragas puestas e  incluso cuando la historia transcurre en dos tiempos distintos, separados entre sí 20 años – por ejemplo “Injusticia”-, ambas historias se relatan en presente, como si se buscase la inmediatez del sexo rápido, brutal y urgente. Sánchez Aguilar orquesta esta socio-radiografía sexual en tres dimensiones que deja transparentar muchos de los graves problemas  endémicos que aquejan a la sociedad moderna en la que estamos insertos: la soledad, la insatisfacción, la incomunicación, la frustración y los placebos sociales, como son: las drogas, el alcohol, los eventos deportivos, el turismo todo incluido, los edificios con materiales de primera calidad, la pornografía, la publicidad.  Para ello tira de escuadra y cartabón y utiliza una prosa elegante, fría, exacta y minuciosa, donde cada palabra está colocada con la precisión de quien construye una bomba de relojería de efecto retardado. Una bomba que no estalla cuando la estás leyendo sino cuando tiempo después vuelves a pensar en ella y te olvidas de esa primera erección de José Luis o de si Cristina llevaba o no llevaba bragas en la cena de empresa.  Lo que perdura cuando se agotan los fuegos de artificio del sexo, es la amargura de unos personajes estafados por la vida, que nunca han tenido el tipo de sexo que la publicidad les vende, que viven en apartamentos cuyas hipotecas tendrán que heredar sus hijos, que apenas hablan con sus parejas de lo que desean, que apenas desean, que sobreviven atrapados dentro de su propia frustración.  El único triunfador de estas historias es Fernando, el fotógrafo de la última historia, que en el fondo es un triunfador a medias y un triunfador a medias es un fracasado, al que le gustaría tener una Harley Davidson  XR 1200 pero no se  la compra por el accidente en el que murió  su hermano y le gustaría ser un indignado, pero no lo ve coherente con sus trayectoria económica,  ya que es un tipo con dinero heredado de la especulación inmobiliaria. Este personaje, que graba sus encuentros sexuales  con las modelos  que fotografía para luego retocar las imágenes publicitarias y añadirles ese matiz vital que solo se produce cuando uno se abandona en el orgasmo, aunque para él, el mejor orgasmo es el que mejor interpretado está, se me antoja una reflexión metaliteraria sobre la propia obra narrativa, donde la realidad perfectamente fotografiada palabra a palabra es luego retocada por el autor para otorgarle  ese halo de vitalidad que la palabra por sí misma no tiene.  De todo esto no habla este libro de relatos titulado “Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino” y publicado por la editorial Balduque, pero que si no fuera porque deduzco que el titulo es una necesaria provocación para estimular las ventas, bien podría haberse titulado muy adecuadamente “Nuevas teorías sobre la frustración de la clase media en tiempos de crisis”, claro que entonces quizás hubiésemos pensado que se trataba de un  sesudo tratado económico, en lugar de un estupendo y brillante y demoledor  primer libro de relatos 

domingo, 22 de enero de 2017

MUNDO CRUEL, LUIS NEGRÓN



Se ve que tengo un principio de año poco constructivo.  Me gustaría decir algo agradable sobre los relatos de "Mundo cruel" de Luis Negrón, pero debo de tener el espíritu critico por las nubes. Estos cuentos venían envueltos en cierta aura. La faja afirma que es una espléndida colección de relatos sobre las variedades de la experiencia homosexual. Pero a mí solo me ha parecido una colección de relatos sobre las variedades de la experiencia homosexual. Creo que le sobra el espléndida. Los relatos no están mal, quiero decir, que tienen voluntad literaria, pero se quedan en eso; en la voluntad literaria. Monólogos intrascendentes que parten del tópico dan un salto en el vacío y se estrellan en el mas puro vacío. Fuegos de artificio. Alguno incluso bordea lo cursi sin aportar la suficiente distancia irónica. Hay un par de buenas ideas, pero poco más. Y un prólogo  laudatorio de Ignacio Echevarría que va de la página 9 a las 23. Teniendo en cuenta que el libro tiene 103 páginas con los agradecimientos y el índice y que incluye 9 relatos. Poca cosa, nimia. Poca cosa para el precio que cuesta. Le precede su fama. El libro se publicó en 2010. Que no me guste no significa nada. soy un simple lector que opina. La idea de "Mundo cruel" el relato que da titulo a la colección es buena, pero está desaprovechada. Del resto solo me ha interesado la historia de ese padre que quiere emigrar a Estados Unidos porque intuye que su hijo es gay y quiere darle al menos la posibilidad de vivir en un país donde pueda desarrollarse sin que le repriman. Contado así parece un chiste macabro. Pero es que por mucho virtuosismo que uno ponga es difícil trabajar con materiales de derribo y que te quede una casa funcionaL y decente. No todo el mundo puede ser Eduardo Mendicutti . Quizás esperaba demasiado de estos relatos y mi decepción ha sido proporcional a mi anhelo. 

viernes, 6 de enero de 2017

EL EDITOR DE LIBROS MICHAEL GRANDAGE


A veces tienes la sensación de que te gustaría salvar algo porque consideras que tiene suficientes virtudes para ser salvado, pero al mismo tiempo te invade la sensación contraria de que quizás sería mejor dejar que eso que te gustaría salvar permanezca en el olvido porque no llegó a estar a la altura de lo que esperabas de él. Algo así me sucede con "El editor de libros". Esperaba más mucho más de ella, dada mi fascinación por el tema que trata y por el autor Thomas Wolfe, el autor de "El ángel que nos mira". La película es correcta, pero ansías que hubiera sido algo más que correcta. El reparto es estupendo a pesar del desequilibrio que supone la actuación de Jude Law que casi contagia a Nicole Kidman, aunque no del todo. Lo que se cuenta es interesante y trascendente: el papel de manipulador del editor, de creador de una obra propia a partir de una obra ajena. ¿El editor poda el árbol plantado por el escritor o simplemente lo mutila? No es cuestión menor cuando se habla de derechos de autor y todas esas zarandajas. El problema es que la película es tan fría que no emociona ni siquiera cuando debe emocionar. Parece manufacturada en serie. Podemos creernos la pasión de los personajes, pero esta no se transmite en la pantalla. Ni la de Wolfe escribiendo ni la de su amante entregada incondicionalmente a él, ni la del editor por la obra del autor novel. Y una película de este tipo que no emocione es como un ramo de flores que carece de olor. Bello, pero innecesario. Eso sí, queda el marchito perfume de lo que hubiera podido ser esta historia en otras manos. 

domingo, 18 de diciembre de 2016

EL AMOR DEL REVÉS LUISGÉ MARTÍN


Algunos libros hay que leerlos con cautela porque duelen. Y duelen porque algo en ellos hace que te impliques personalmente. Eso ocurre con "El amor del revés" de Luisgé Martín [Madrid, 1962], calificado en la contraportada como "autobiografía sentimental". Y en eso consiste esta obra, en una morosa  y detallada disección de la vida sentimental de un hombre que descubre que es homosexual y las implicaciones emocionales y sociales que este descubrimiento íntimo tiene para el autor. Aunque en un momento de la obra el autor afirme: " Este libro es, en cierto modo, el inventario de mis arrepentimientos, de las mentiras que acepté con mansedumbre". El autor es la materia de su obra. Y es complicado ser al mismo tiempo el cocinero y la materia prima que se cocina. Encontrar la distancia narrativa es importante, pero más importante, todavía, es encontrar la voz adecuada para narrar un material altamente inflamable. Luisgé Martín encuentra esa voz desde la cita inicial  de Jaime Gil de Biedma "De la vida me acuerdo, pero dónde está" hasta ese presunto final feliz que cierra el libro: "Aunque ningún final es feliz: si es feliz, no es todavía el final". Que deja la puerta abierta al pesimismo del futuro. Porque, como bien se afirma en un momento dado: "La felicidad no se conquista nunca, solo se planea y se divaga". Qué difícil el arte de la felicidad cuando se trata del amor y sobre todo del amor homosexual.  Qué difícil al felicidad en general: "Siempre he tenido el convencimiento de que vivir es, incluso para lo seres felices,  un error formidable. Una enfermedad crónica que debe ser medicada..." Y de esa enfermedad crónica que ha sido su vida escribe el autor sin complacencia, con una sinceridad que deja ver las grietas, la heridas, el esqueleto atroz del insecto. El insecto no podía ser otro que la cucaracha. Insecto literario donde los haya, pero que le sirve al autor para definir a la perfección la sensación que, en aquellos años en los que está ambientada esta obra, podía sentir una persona que fuese homosexual. La condición de cucaracha no desaparece ni siquiera con los años. Es una condición emocional que se pudre en el alma. La cucaracha miente y sobre todo se miente a sí misma: " Se llega  a ser lo que durante mucho tiempo se finge ser". La cucaracha miente porque no desea ser identificada como lo que es. Porque el espejo de la culpa devuelve una imagen deformada del nosotros. La cucaracha es un insecto solitario y atormentado: "...yo siempre sentía una amargura viscosa y enmarañada que hacia que se me detuviera el corazón. Yo era una persona adulta que había aprendido a nombrar las cosas: sabia que aquello era la soledad...a medida que pasaba el tiempo mis tormentos se hacían más grandes". Las confesiones del protagonistas son descarnadas y sin lugar para el indulto ni para el retoque. No se liman aristas: "No le dije que yo también era una cucaracha negra y solitaria, que las mujeres me repugnaban sexualmente, que mi soledad era como la suya". Este retrato de homosexual adolescente  se va matizando conforme se suceden las páginas y se acumulan las experiencias y está repleto de pequeñas y acertadas reflexiones en torno al amor y otros demonios particulares. Así se afirma que en el amor homosexual: " Se ama a quien se puede amar, a quien permite ser amado. Es un acto de supervivencia". La malaventura es "un destino contra el que las bestias  no podíamos luchar, sólo jactarnos de él". "La crueldad innecesaria es uno de los rasgos de los psicópatas y de los fracasados·". "Los amantes repudiados guardan siempre la ilusión de un acto milagroso, de una revelación mágica que transfigure el corazón de aquellos a quienes aman". "La infancia es la verdadera patria del hombre, como decía Rilke, pero es también su cárcel". "Los amores inventados tienen esa superioridad que los hace  invulnerables: la criatura amada siempre posee las virtudes que el amante espera". "Quien renuncia a alguien sólo porque nunca podrá poseerlo no está haciendo otra cosa que reconocer la debilidad y la flaqueza de sus propios sentimientos". "Aprendí que el amor es desleal, que no puede pervivir sin alimento, que se compra o se vende fácilmente por las naderías de la vida"."El egotismo es uno de los estigmas característicos de los homosexuales secretos, de esos hombres que...vivieron su adolescencia encerrados en torres de marfil o en mazmorras aisladas". "La felicidad que solo es íntima, que tiene que ocultarse de la vista de los demás, deja de ser felicidad". "La autocompasión es un sentimiento con poco prestigio, pero a menudo sirve para salvar el alma". Hay una profunda reflexión a lo largo del texto sobre la condición sexual como sustrato sobre el que se asienta lo que somos. La condición sexual nos determina. Somos seres sexuales o no somos. "...la experiencia erótica proscrita y reprobada; la sexualidad torcida. Sólo en él se puede descubrir la hondura verdadera del lo que fingimos ser y de lo que en realidad somos".  "Tuve una revelación extraña: comencé a comprender que el sexo abyecto y excesivo era el más humano, el que me distinguía realmente de otras especies zoológicas", "...la sexualidad representa la piedra angular del edificio de la personalidad y...esa piedra debe sostener los arcos y las bóvedas, los muros recios y las paredes finas..." Podemos fingir en todo lo demás, pero nunca en el momento de expresarnos sexualmente. De todos estos asuntos trata "El amor del revés", un striptease literario y sentimental, emocionante a ratos. Un autorretrato  en negro, duro, con aristas y diversos tonos de gris. Un retrato matizado detalle a detalles, frase a frase, porque los pequeños detalles son los importantes en la vida y como se dice en algún momento: "Los actos insignificantes son los que determinan la médula de todo. Es un principio literario insoslayable". Y "El amor del revés" está repleto de actos insignificantes pero que sumados en el orden adecuado dan como resultado uno de los mejores libros que uno haya leído durante este año que se nos va muriendo.  

martes, 6 de diciembre de 2016

ANIMALES NOCTURNOS TOM FORD



Fui a ver "Animales Nocturnos" de Tom Ford empujado por el buen recuerdo que guardo de su primera película, la fascinante "Un hombre soltero" [2009], aunque prevenido interiormente porque no me atraen demasiado las películas que son un dos en uno, o sea, esas películas que cuentan una historia dentro de otra historia y más, en este caso, donde una historia sucede en el sofisticado mundo del arte y la beautiful people y la otra historia es un thriller rural cercano a una novela de Cormac Mccarthy de violadores y asesinos nocturnos y descerebrados. Pero debo confesar que el director supera con buena nota y solvencia el encaje de ambas historias, aunque yo le siga prefiriendo en su papel de aplicado ilustrador de hogares de diseño gélidos y vacuos con galerista despiadada y esposa emocionalmente herida. Amy Adams borda ese papel de mujer que descubre demasiado tarde que se ha equivocado de vida al realizar sus elecciones vitales mientras lee la violenta novela que le ha enviado su primer marido. Su forma se vestir, de mirar, de caminar, su peinado, su manera de maquillarse o no, indican más que sus palabras. Sus paseos por la casa apenas iluminada acompañada por la envolvente, seductora y refinada banda sonora de Abel korzeniowski, dicen más sobre su estado de ánimo que cualquier diálogo. La música es fundamental en esta película sobre una doble venganza como nos recuerda un cuadro que aparece en una secuencia del film. La demoledora secuencia final es una buena muestra del exquisito gusto del director para el melodrama influenciado por Douglas Sirk y Vicente Minelli y de la importancia de la música. Una sola secuencia basta a Laura Linney para pergeñar una de esas madres hichtcokianas y castradoras. Pero si la parte sofisticada de de "Animales nocturnos" es turbadora desde la secuencia de apertura de los títulos de crédito, la parte rural con el accidente, el secuestro y la posterior violación de la mujer y la hija del protagonista de la novela que lee Susan, no desmerecen en absoluto. La violencia es en la mayor parte del metraje, latente. Como bien recuerda el investigador del caso, durante el secuestro no hay armas. El miedo, la violencia, el terror nacen de la situación creada, de lo que el director quiere que nosotros pensemos que va a sucederle a esos personajes, que al final es lo que les sucede. Sufrimos con ellos. Y cuando la violencia estalla, en un par de secuencias, es seca y brutal, inevitable y física. Susan se reconce en la mujer de ese hombre apocado e incapaz de defender a su mujer y su hija. Ese matrimonio con hija podrían ser perfectamente ella y su primer marido y el hijo que nunca tuvieron. Pero al mismo tiempo, ella es también parte de los verdugos, porque como comenta en otra secuencia a una empleada " mi primer marido decía que yo era un animal nocturno". El símil está hecho. La novela es una venganza contra ella. Una forma de cautivarla, de hacerle ver que cuando le abandonó destruyó todo su futuro, incluso la posibilidad de ser el gran escritor a que aspiraba porque ella dejó de creer en él. También el protagonista de la novela esperará pacientemente a que aparezcan los violadores para vengarse de ellos. En ese ir de venir de la literatura a la vida y de la vida a la literatura descubrimos algunas verdades sobre el alma del ser humano, sobre la fragilidad de los sentimientos, sobre el instinto animal del hombre, sobre la venganza y el amor. Ese amor que si no se cuida se convierte en odio. Y el odio es más poderoso que el amor. Se diga lo que se diga.