sábado, 24 de septiembre de 2016

EN MI CUARTO, GUILLAUME DUSTAN


Hay libros terribles y fascinantes. "En mi cuarto" de Guillaume Dustan, alias de William Baranès [París, 1965, París, 2005],  publicado en 1996 en Francia y en 2005 en España y reeditado ahora  por Penguin Random House, es uno de ellos. Podría jugar a decir que es un libro terriblemente fascinante o fascinantemente terrible. Lo que para algunos lectores resultará fascinante, a otros les horrorizará. Hay lectores para todo. Todavía vivimos en una sociedad que por muy moderna que parezca no lo es y donde el paternalismo, el machismo, la religión, los atavismos de todo tipo, la hipocresía, la censura propia y ajena y otras lacras sociales impiden el desarrollo de la libertad individual cuando la libertad individual se sale de la norma establecida por los que establecen la normas sociales. Todos los perros tienen que ser el mismo perro y todos los esclavos tienen que poseer los mismos derechos. Uno no puede salirse de la manada, sobresalir, moverse en la foto. Dustan, que estudió para incorporarse a la Administración de Justicia descubre en 1990 a los veinticinco años que es seropositivo y seis años después publica "Dans ma chambre" en la que un personaje que se llama como él, en primera persona , nos desgrana como dice la frase hecha " con todo lujo de detalles" su  intensa vida sexual. Añadir adjetivos al tipo de vida sexual que llevaba el protagonista de esta novela de autoficción sería empezar a censurarla. Y uno debe acercarse a "En mi cuarto" con mentalidad abierta. Será autoficción, pero es literatura. Importa el texto, da igual que nos hable de un hombre que se despierta un día convertido en una cucaracha que de un hombre que se droga todas las noches y se deja penetrar por desconocidos en locales de ambiente o dedica dos páginas a explicarnos como ser sodomizado con un consolador. Alguien podría pensar que es un libro para ser leído con  una sola mano, pero nada más lejos de la realidad. En apenas 125 páginas, el autor nos resume su relación son su último amante. Y también con los anteriores y con todos los tipos de una noche que pasan por su cama. Sexo, drogas, alcohol y música. Nada parece importar al personaje fuera de esas cuatro coordenada. Sabemos que está enfermo, pero apenas hay algunos detalles, sabemos que trabaja, pero poco más, sabemos que tiene padres y una abuela, pero no es importante. Lo importante es  con quién folla y lo que compra para comer o para cenar, lo importante es que vive "en  un mundo maravilloso donde todo se han acostado con todos...En este mundo todos han follado por lo menos con quinientos tíos, por lo demás, la mayoría los mismos. Los tíos que figuran. Pero los círculos no se solapan. Hay tíos de bar. De discoteca. De Bares-discoteca. De sauna. De contactos....Rubios, Cachas. De sexo duro. De sexo clásico. Se puede escoger. Múltiples elecciones. Y nadie espera fundar una familia." De ese mundo nos habla Dustan con un estilo seco y conciso. Con capítulos cortos, cincelados con mano firme. Sabe lo que nos que nos quiere contar. Y nos lo cuenta. Y lo hace de la forma más cruda e impactante posible. La mayoría de los capítulos empiezan con una frase o contienen algún párrafo del tipo: "Me hice una paja mirando a Eric Manchester en plena acción..."; "Sábado por la noche. Estamos en  pelotas en la cama..."; "Penetro por delante, no va mal, él está un poco tenso, apenas piensa en trabajarme los pezones...". Pero superado el primer impacto, aceptada la propuesta, página a página Dustan nos cuenta la historia de un ser humano y cada ser humano es en sí mismo la humanidad entera. Todos somos un poco el protagonista de esta novela que afirma que " Todos los maricones con los que me relaciono hacen pesas. Si no natación. Casi todos son seropositivos. Es increíble lo que duran. Siguen saliendo. Siguen follando. Hay muchísimos que contagian cosas, meningitis, diarreas, un zoster, un kaposi, una neumocistosis. Y después van bien. Algunos están solo un poco más flacos..." Un mundo cerrado aunque parezca un mundo infinito. Un microcosmos que en el fondo es una metáfora del mundo en general, de la vida y la muerte. El protagonista de "En mi cuarto", que también se podría haber titulado " En el gueto ", siente el aliento de la muerte, pero sigue intentando vivir como si tal cosa. Como todos nosotros que comenzamos a morir en el mismo instante en el cual comenzamos a vivir. Vida y muerte juntas desde el primer momento. La vida es eso. De eso nos habla Dustan, de la vida, aunque nos hable solo de sexo y también, por qué no, nos habla de la esperanza. "Me pregunto si es siniestro o si está bien. Pienso en lo que Jeanne Moreau le dice a su sobrina en una película americana en la que se la ve vieja y extravagante. Le dice No, no creo que seas estúpida. Creo que has perdido la esperanza. No se debería hacer nada. Absolutamente nada. Esperar a que vuelva la esperanza. Como si se estuviera segura de que eso vuelve siempre".  Una novela que al final deja entre la manos no una mancha húmeda y viscosa sino un rastro de tristeza y desolación envuelto entre el fulgor de la carne y el deseo. 

domingo, 18 de septiembre de 2016

CUERPO Y ALMA.


                                                  Para Sara  y Carmen
Vivimos en un país de mediocres y de cobardes. Y eso se refiere tanto a los empresarios y emprendedores como a los políticos y a otros muchos ámbitos, incluidos los literarios. Así nos va. He dudado mucho sobre como titular este post. Pensaba titularlo La mediocridad de los emprendedores. Luego opté por centrarme en las víctimas y titularlo El factor humano, pero al final me he decantado por un título más genérico, por una metáfora más abierta y se ha quedado en Cuerpo y alma. Es un post difícilmente comprensible para quien no habite en la ciudad de Alicante y conozca su  paupérrima vida cultural y la escasez de locales donde comprar libros y hacer presentaciones. Eso que vulgarmente se denomina librería, establecimiento comercial cuyo principal producto a la venta son los libros. Claro que una librería no es solo el local físico donde se ubica, por muy hermoso que sea el local y por excelente que sea la cantidad de libros que posea. No, una librería es algo más que eso, mucho más que eso; infinitamente más. Es como los castillos encantados. Qué distingue a un castillo de un castillo encantado. Pues el fantasma que lo habita. Si deshacemos el encantamiento, el castillo encantado se queda en simple castillo. Un castillo más. Uno más.  Es como lo del rey desnudo. Un rey desnudo deja de ser un rey para convertirse en un  simple ser humano. Y de repente nos hemos encontrado con la desagradable sorpresa de que una librería que significaba mucho para muchas personas que acudían a ella no por ser un local vistoso, razonable y acogedor del lugar  sino por la calidad humana, la bondad, la sabiduría personal, la belleza interior, los consejos, el esfuerzo, enorme esfuerzo, pues se pasaban media vida allí, el detalle en la atención, la familiaridad en el trato y esa calidez íntima e intransferible que hace que una persona deje de ser un  vendedor profesional de libros o de lo que sea, aunque en el fondo lo siga siendo, pues vive de eso, para convertirse en un amigo, en un confidente, en tu psicólogo de urgencia. Todo eso se ha perdido y nos sentimos huérfanos y profundamente afectados en lo personal. No, la amistad no la perderemos. La amistad cuando surge del amor a los libros y a la literatura es para siempre o no es. Y alguien dirá que un empresario puede despedir a sus empleados, ya que la empresa es suya, y aquí paz y gloria. Sucede todos los días y seguirá sucediendo. Pero las formas importan. Las formas importan porque son la base de la civilización. Y por supuesto que un empresario al que le vayan bien los negocios en el sector de la cría de ganado porcino y que siente debilidad por el alcohol y los cócteles, por ejemplo, está en todo su derecho de montar una coctelera y poner al frente de ella a quien desee y despedirlo cuando le parezca. Y también es posible que un empresario pudiente que se dedique a la cría de avestruces o al cultivo intensivo de brócoli, por poner otro ejemplo, sea un amante de la literatura y monte una librería y le ponga el nombre de su escritor favorito y coloque al frente de ella a quien le venga en gana y lo despida cuando le de la gana. Faltaría más. La empresa es suya. Como los escaños de los senadores.  Y perdón por la salida de tono. Pero lo que no es de recibo es mandar a tus empleados de vacaciones y cuando todavía no han terminado de aterrizar, despedirlos con quince días de aviso y comunicarles el despido por email.  A eso es a lo que yo llamo ser un empresario mediocre y cobarde. Claro que en este caso mucho me temo que en el pecado lleva la penitencia. Y que no ha perdido solo dos empleados modélicos que se dejaban la piel por el negocio sino un sinfín de clientes que pasaban por la librería para saludar, conversar un rato, ver las últimas novedades, encargar algún libro poco accesible y sentir que estaban en una librería y no en un antro con libros donde unos empleados impersonales y anónimos les manufacturaban el libro de moda. Todo eso se ha perdido. Se ha perdido la magia, pero quedan la amistad y los vínculos. Al empresario que le vaya bonito si es posible, porque no es cuestión de perder puntos de lectura y cultura, y quizás haya otros compradores y lectores que hagan suya la librería, aunque nos temamos lo peor. Algunos hemos decidido exiliarnos y no volver a pisar, ese lugar donde durante un tiempo fuimos felices, muy felices. No por el lugar en sí sino por su habitantes.Un poeta escribió que es mejor no volver a los lugares donde se ha sido feliz. Buscaremos otras islas. Y es que como los castillos encantados cuando pierden a su fantasma, una librería que pierde su alma, acaba convertida en un simple cuerpo inerte. Y el alma de aquel paraíso de papel y poesía era un alma doble. Ya sin alma, queda el cadáver.

sábado, 3 de septiembre de 2016

BEN HUR TIMUR BEKMANBETOV


Hay estrenos de películas que nos hacen añorar el pasado. El estreno de Ben Hur dirigida por Timur Bekmanbetov es uno de ellos. Acudí ayer arrastrado de buen grado o podría decir que arrastrado contra mi propia voluntad por unos amigos, si tales términos son posibles fuera del ámbito poético, a ver la nueva versión de Ben Hur protagonizada por Jack Huston y Toby Kebbell a pesar de la críticas devastadoras que había leído. Creo que ya fui predispuesto a lo peor y contraprogramado. Se trataba de experimentar en propia carne que los críticos cinematográficos sirven para algo. Como los políticos. Cosa que a veces uno duda. Pero esta vez las críticas negativas acertaban al cien por cien. Ben Hur 2016 es un pálido, muy pálido, remake del Ben Hur  interpretado por Charlton Heston y Stephen Boyd y dirigido en 1959 por William Wyler. No hay color.  Y es que W. Wyler es mucho Wyler, a pesar de que Ben Hur no es mi película favorita del director estadounidense. Muy por delante están Jezabel [19348], La carta [1940], La Loba [1941], La heredera [1949], La calumnia [1961], El coleccionista [1965] y si me lo propongo hasta Funny Girl [1969]. Y es que William Wyler sabía bien cómo contar unas historia en imágenes. La versión de Ben Hur 2016 solo pretende darnos gato por liebre, o como afirma una reseña vendernos unos muebles de Ikea como si fuesen un mueble diseñado por Mies Van der Rohe. Se ha adecuado la edad de los protagonistas a la de los posibles espectadores actuales del cine, se les han remozados los trajes para que estén más aparentes y el look para esta lucha de odio entre hermanos, metáfora del odio entre dos pueblos, entre conquistados y conquistadores, tan actual lo sea aún más, pero claro, solo se ha actuado a nivel de maquillaje, nada sobre el fondo de la historia, sobre el nacimiento del critianismo y de la religión  cristiana como opio del pueblo que vende el mensaje del amor y que por eso mismo disuelve y anula el miedo que intenta imponer el poder, mucho antes de que la Iglesia y el Poder se aliaran para someter al hombre. De todo eso en el Ben Hur 2016 queda poco, menos, nada. La famosa carrera de cuádrigas deviene aburrida hasta la nausea. La milagrosa curación de la madre y la hermana del protagonista adquieren tintes ridículos en esta versión, cuando en la versión de Wyler tenía una fuerza telúrica espectacular.  La primera parte de le película en casa de la familia de Judá se puede soportar porque todavía se atiene en lineas generales al guión de la película de 1959, pero conforme avanza la película los pequeños cambios introducidos en lugar de mejorar el producto, pues de un producto hablamos, lo empeoran. Y uno se pregunta qué necesidad hay de realizar un remake de una gran película para que el resultado a pesar de todos los avances técnicos no mejoren el original y nos hagan añorarlo. Desde luego a Morgan Freeman nunca le darán un Oscar a actor secundario en el papel de mercader africano, Oscar que sí obtuvo Hugh Griffith por el mismo papel en la versión de 1959. Quizás el único plano que merezca la pena, el único fotograma vivo en toda la película, es el plano del actor Rodrigo Santoro crucificado, un instante de realismo y carnalidad completamente ajeno al resto de la película. Y no digamos ya nada de los delirantes planos finales de la película con la familia reconciliándose como si aquí no hubiese pasado nada y que parecen financiados por algún partido o asociación  ultra de apoyo a la familia tradicional.  No es que Ben Hur 2016 sea una película bidimensional. Es que es plana, aburrida y tendenciosa. Y si nos ponemos no solo se ven los clavos de Cristo, sino incluso, como diría un amigo mío, los clavos de este falso decorado de cartón piedra.  Y es que para contar una historia más grande que la vida quizás sean necesarios más de 126 minutos, quizás se necesiten 212 minutos y el inmenso talento de William Wyler.

domingo, 17 de julio de 2016

20 CON 2O DIÁLOGOS CON POETAS ESPAÑOLAS ACTUALES ROSA GARCÍA RAYEGO / MARISOL SÁNCHEZ GÓMEZ



En primer lugar, dar las gracias a Marisol Sánchez Gómez, porque sin apenas conocerme o apenas conociéndome 10 minutos, me ofreció presentar esta Antología “20 con 20  Diálogos con poetas españolas actuales” editada por Huerga y Fierro.  Como suelo ser impulsivo y estar un poco loco acepté el envite. Y aquí estamos puestos en materia. Me toca decir algo original, coherente y medianamente entretenido sobre esta antología que, antes o después, alguien con más o menos virulencia, paternalismo o desacierto calificará de antología de género, en el sentido negativo del término, ya que está compuesta solo  por mujeres,  cuando este término debería estar ya superado, y nadie lo aplica a la inversa, cuando es una antología integrada solo por hombres o solo por hombres con su preceptiva cuota  femenina políticamente correcta.  Yo voy centrarme  en un solo aspecto de la misma que me interesa sobremanera como poeta y al que he dedicado mucho tiempo y muchos poemas: las razones por las que se escribe, qué motiva a un hombre o a una mujer a escribir, ya que la antología incluye unas sugerentes poéticas de cada una de las autoras.  Sin embargo antes de adentrarme en un  somero repaso de las diferentes poéticas, un par de comentarios intrascendentes o fuera de lugar. ¿Era necesaria una nueva antología sobre poesía escrita por mujeres tras las que se enumeran en el prólogo por las propias antólogas?  Lo digo porque yo soy de los que opinan que las antologías, sean masculinas, femeninas, mixtas o ambivalentes,  son a la poesía como las encuestas a las elecciones políticas. O sea, que sirven para bien poco o se equivocan mucho. Todo depende de cómo queramos verlas, si como apuesta personal y de riesgo por unos poetas, o como radiografía poética o foto fija de un momento histórico preciso. Habrá que concluir que era necesaria  no solo está antología sino que son necesarias algunas más que incluyan toda la diversidad y riqueza de la poesía escrita por mujeres. Las poetas incluidas en esta antología están lejos de aquellas poetas antologadas en 1953 por José Luis Martínez Redondo en “Poesía femenina” y sobre las cuales el propio editor, que no debía de creer mucho en el material con el que trabajaba, dijo: “Son mujeres sencillas que han escrito su sencilla poesía en las sencillas provincias de España”. Desde luego este comentario es difícilmente aplicable a las poetas aquí seleccionadas. También estamos muy lejos aquí de los términos que el poeta F. Bejarano utilizaba en su artículo “Poetisas” publicado  en 1990 en el Diario de Cádiz: “Las poetisas han tenido tradicionalmente mala fama porque, en general, suelen ser malas escritoras, insustanciales y de escaso interés, repetitivas, monótonas…” Craso error. Nada más lejos de la realidad.
Para  entrar con buen pie en mi breve síntesis  de las poetas antologadas voy a leer un poema de una escritora y poeta norteamericana que quizás debería servir de prólogo a cualquier antología  de género que se precie. O no. El poema se titula “Los mandamientos” y fue escrito por Erica Jong.




LOS MANDAMIENTOS
No querrás de veras ser poet(is)a. Primero, si
eres mujer, tienes que ser tres veces mejor que
cualquiera de los hombres.- Segundo, tienes que
acostarte con todo el mundo. Y  tercero, tienes
que haberte muerto.
[Poeta masculino, en conversación]
Si una mujer quiere ser poeta
debe de dormir cerca de la luna a cara abierta;
debe caminar a través de sí misma estudiando el paisaje;
no debe escribir sus poemas con sangre menstrual.

Si una mujer quiere ser poeta
debe correr hacia atrás en torno al volcán;
debe palpar el movimiento a lo largo de sus grietas;
no debe conseguir un doctorado en sismografía.

Si una mujer quiere ser poeta
no debe acostarse con manuscritos incircunscritos,
no debe escribir odas a sus abortos;
no debe hacer caldos de vieja carne de unicornio.

Si una mujer quiere ser poeta
debe leer libros de cocina francesa y de legumbres chinas;
debe chupar poetas franceses para refrescar su aliento;
no debe masturbarse en talleres de poesía.

Si una mujer quiere ser poeta
debe pelar los vellos de sus pupilas;
debe escuchar la respiración de los hombres durmientes;
debe escuchar los espacios entre esa respiración.

Si una mujer quiere ser poeta
no debe escribir sus poemas con pena artificial;
debe rezar para que sus hijos sean mujeres;
debe perdonar a su padre su esperma más valiente.


Veinte poéticas resumidas en dos folios y medio.  Comienzo por Isabel Fresco, que es también quien inicia por edad la Antología. A ella “La poesía le parece una forma de inteligencia, una manera de entender e interpretar el mundo…y la creación poética  es una especie de revelación…que ilumina y desvela secretas analogías. Todo ello envuelto en un deseo de conocimiento, de belleza y de libertad”. Para ella, escribir es realizar la entrega de uno mismo, regalarse a uno mismo porque sí. Es un acto de amor y un osadía”. Para María Luisa Mora Alameda “La poesía no ha sido elegida por mí. Creo que ha sido ella la que me eligió. Habla de intuición, de realismo y de autobiografía. De que hay muchas razones por las que se escribe, pero que ella personalmente escribe a modo de catarsis, porque a veces la poesía es un asidero y otras veces una luz que guía.” Graciela Baquero Ruibal se pregunta: “¿Cómo hablar de mi poesía cuando la escribo para no dar explicaciones? Ella siente que no es ella la que escribe sino el animal que la habita, la bestia. Y un poco como María Luisa Mora afirma que “no, yo no elegí la poesía, desde niña me alimenté de ella, porque producía en mí un conocimiento mágico que me permitía apreciar la vida con mayor profundidad” Graciela siempre ha entendido la poesía como una forma de conocimiento que se produce a través de la emoción y convierte el poema en una ofrenda”. Tulia Guisado es otra de las poetas que considera que “no eliges la poesía. Un día ardes. Un día miras y ves.” Opina que la poesía surge de una necesidad de decir  y ella escribe para entender, para conocer, para y por ver, para que la realidad sea. Ahondando en el tema, añade: la poesía es la vana tentación de detener el tiempo, el incendio constante. La poesía es reflexión sobre el lenguaje y no es un refugio ni una huida. Es el lugar donde levantar una casa y vivir. Como se ha tomado muy en serio el asunto sigue añadiendo definiciones. La poesía es un vehículo para acceder a otra realidad y al mismo tiempo el lenguaje poético puede ser una forma de ocultarse, una coartada. Y remata. El poema surge del incendio y el fuego es inconsciente, aunque el proceso creativo no. No se va al incendio ni se huye de él. El incendio es uno mismo, en este caso de  una misma. Dos son las ideas que destaca Aurora Luque en su poética. Una es que “la poesía hay que consumirla muy lentamente, saboreándola. Y otra que más que un vehículo de expresión artística, la poesía es el vehículo en el que ella se desplaza por la vida. Dice Isabel Bono: “Escribo porque escribir es no estar. No estar aquí. Escribir es estar en otro lugar o en ninguno.  Para ella, el poeta debería ser un simple médium y la poesía viene de la intuición, y que se escribe para no olvidar y a la vez para añadir perspectiva y añade que ella escribe porque “Escribir me salva. No sé de qué, pero sé que me salva”. Concibe la poesía Mercedes Escolano, como un viaje de introspección personal en el que el poeta deja entrever símbolos que hablan al lector de sentimientos, actitudes vitales, conocimientos adquiridos a lo largo de los años, complicidad y reflexiones sobre la vida. Guadalupe Grande quiere pensar como María Zambrano que la poesía no intenta retener lo que ya tiene…si no que va en busca de lo que aún no tiene. Le gusta creer que la poesía es una estación de ida y vuelta, un laberinto en el que rescata del olvido acontecimientos y seres que han dejado de significar. Para ella la conciencia poética es iluminación y memoria, intuición, presagio y azar. Nos habla Ana Merino de cómo sentía la poesía en su adolescencia como celebración, como un idioma que la representaba. La poesía era una mirada parecida al pensamiento puro que podía definir los sentimientos. La palabra era el instrumento con el que la poeta se construía a sí misma. Vanesa Pérez-Sahuquillo no sabe ni cómo escribe ni de dónde  viene lo que escribe, pero ama la poesía y la concibe como el género de la libertad; un género que ilumina primero el caos y proporciona respuestas a las preguntas. Define la poesía como una pesca misteriosa en la que el objeto capturado en vez de morir adquiere la capacidad de brillar. Para Eva Gallud, la función de la poesía es mostrar la belleza de los lugares indeseables y en un poema define la poesía como un grito absurdo y comenta que se siente libre entre los límites del poema, en la concentración de la idea y en la palabra destilada; y suscribe unas frase de Alejandra Pizarnik: “Todo poeta se define por el ritmo particular de su respiración poética y por una pequeña cantidad de imágenes a las que siempre vuelve”. Raquel Lanseros va directa: Los versos son una traducción en palabras de nuestra propia alma tanto individual  como colectiva. Admira diversas definiciones  ya acuñadas de poesía: como palabra en el tiempo, como lo real absurdo o como ciencia del ser. Miriam Reyes es escueta. Cada poema es una exploración y el poema no tiene un significado.  Escueta también es Ana Patricia Moya: Escribo poemas porque me apetece. Respeto a los poetas vocacionales o profesionales, pero solo escribo por puro desahogo. Ana Vega se enfrenta a la escritura como a un modo de búsqueda infinita. Afirma que la escritura llega donde no alcanzan ni el ojo ni el oído ni las manos. Para ella la poesía es vencer el silencio y tomar las riendas y dice que en su poesía no solo hay verdad  sino búsqueda de la verdad. Firmaría ese aforismo de Marguerite Duras que afirma que escribir es contar una historia que ocurre por ausencia. La poesía es el idioma en el que yo puedo, al fin, explicarme lo que ocurre. Lo que ocurre no es lo que veo o lo que me cuentan cada día, lo que veo está detrás de todo eso, así comienza Isabel García Mellado, para luego continuar  afirmando que la poesía trata de alcanzar la verdad y trata de alcanzarla de un modo intuitivo y termina confesando que escribe porque lo necesita y cuando lo necesita y lo único que persigue cuando escribe es comprender. Sandra Santana entiende el arte en general como un saber de la inutilidad y para ella lo importante en el acto de escribir es la mano, que es la que debe conducir hacia el espacio imaginado donde dibuja aquello que al escritor le gustaría leer, donde delinear con el lenguaje eso que nadie ha visto todavía. Es la mano la que se detiene muda sobre la carne del lenguaje y deja aparecer la blancura de la página. Laura Casielles es rotunda: el acto físico de escribir cuesta, como si fuera el intento de agarrar el agua y esa escritura que cuesta tanto  o es por amor o no es. Y resalta que es por amor en tanto que un acto de amor es compartir. Conclusión; el poema es el gesto de rescatar algo para ponerlo en otras manos. Virginia Cantó   se refugia en las palabras de alguien que alguna vez le comentó que “escribir poesía no consiste en realizar el ejercicio de crear algo sino que es el producto de recrear nada”. De ahí llega a la confirmación de que la poesía es otra forma de nombrar la vida y como la vida no siempre nos contempla con el mismo semblante hay que perseguir el poema que no sea un artificio ajeno a nosotros sino un poema que nos contemple y nos incluya. Y para culminar este 20 con 20, Martha Asunción Alonso que no tiene la más remota idea de lo que es poesía y con total sinceridad nos los confiesa: yo no  sé lo que es la poesía. Según ella, tiene una demonia, como otras tienen una bestia o una mano que escribe los poemas por ella y esa demonia acaricia solo un par de certezas; que la poesía sirve para algo, aunque no separa para qué, y que la poesía tiene algo o todo de llama. Supongo que la demonia que escribe los poemas de Martha Asunción Alonso es la autora de este pequeño verso memorable: Mi alma es el encefalograma plano del poema. Y hasta  aquí les puedo contar. Dejo ante ustedes ,y empleo el término a sabiendas de que se me va a tachar de paternalista o algo peor, este amplio abanico de voces femeninas, o si prefieren algo más del género masculino, este puñados de poetas y versos,  esperando que este somero repaso de las poéticas de las diversas autoras aquí incluidas  les aclare algo sobre el estado actual de la poesía en general, o no,  o sobre el estado de la poesía de género en particular, o, al menos, les incite a comprar esta antología donde, aunque alguna poeta afirma que no tiene ni idea de por qué escribe poesía, y otra se descuelga con que la poesía es catarsis ,y otra insinúa que no sabe ni cómo ni dónde escribe, y alguna confirma que escribe poemas porque le apetece, a modo de desahogo, y un par aluden a que la poesía es el idioma que las representa o con el que pueden explicarse, y  unas cuantas consideran la poesía como revelación o como iluminación, como fuego o como incendio, o como vehículo o como viaje, o como acto de amor o de ofrenda, o como exploración, o como grito, creo que sobran las explicaciones,  porque la poesía es palabra que habla por sí misma y desde sí misma y ensimismadamente,  y en esta antología abunda la poesía que no necesita ni poéticas que la sostengan ni presentadores que la alaben, sino publico que se acerque a ella con devoción; poesía como un refugio, poesía que se defiende por sí misma, como un acto de resistencia frente a las agresiones de mundo, que siempre es presente imperfecto.

sábado, 14 de mayo de 2016

LA EDAD MEDIA LEONARDO CANO


Comienzo esta reseña con una cita de Alberto Fuguet porque me parece muy pertinente cuando nos acercamos a una primera novela de una autor desconocido: Lo importante es por qué vale la pena leer una historia, sobre todo si el tema o la persona no son célebres. Uno lee al final para saber por qué el autor se interesó o le importó tanto la historia como para contarla por escrito...lo que realmente produce la química, la conexión, es la curiosidad -la obsesión-, del autor con el tema que se ha atrevido a enfrentar”. Leonardo Cano, Murcia, cosecha de 1977, es según la solapa de su primera novela Licenciado en Derecho y Máster en Teoría de la Literatura y Literatura comprada Europea y ha sido además abogado, guionista, creativo de publicidad y crítico gastronómico, entre otros menesteres. Se puede afirmar que es también un agudo observador de la realidad social que le rodea y un consumado maestro de la ironía y del sarcasmo. Con este bagaje ha dado el salto a la novela. Una novela ambiciosa de la que sale bastante bien parado según vemos por los comentarios que se han ido publicando en diversos medios y por diversos autores. En La Vanguardia: “constituye una radiografía de los anhelos desbaratados de una generación –las de los ochenta-, que creció con la idea de que el mundo era suyo”. En Artes y Letras, por Joaquín Juan Penalva: “esta novela se perfila como uno de los títulos de narrativa del año…y nos confirma que estamos ante el retrato de una generación a la que le han robado el futuro, ante una relato iniciático, ante una novela de aprendizaje, sobre una generación nacida en la transición y a la que le habían prometido un mundo mejor y más justo y ha acabado encontrándose con  la precariedad más absoluta”. En el suplemento cultural del Mundo, Matías Niéspolo: una deslumbrante ópera prima de una inusitada profundidad y que se balancea entre la furia y el lirismo, entre el humor y la tragedia”. En Culturamas, Pedro Pujante se refiere a esta novela como: “Manual sobre el fracaso en tres tomos, obra vigorosa y adictiva y escrita con pulso de orfebre,  con una trama  en su conjunto deliberadamente banal, que es como un espejo donde al mirarnos descubrimos el reflejo sucio de la frustración, de los anhelos quebrados, del desconsuelo y de la derrota. Pues eso, una novela intensa que reconstruye la realidad a través de una poesía cruel y luminosa”  Porque digámoslo ya, “La edad media” es una novela solvente, entretenida y critica con la dura realidad social que nos toca vivir, muy bien trabada y estructurada y  que se sostiene sobre sólidos pilares literarios y donde brilla con luz propia un sentido del humor desopilante y cruel o al menos así me lo parece. Un sentido del humor que alivia tensiones. De repente en mitad de un párrafo  te encuentras con alguna frase del tipo: “El ascensor es primitivo, se eleva hasta la décima planta con lentitud zen”  O, “El padre es bajo y gordo, la madre es baja y tripuda, y para los dos hijos, seguro que el fiscal no va  a pedir una prueba de paternidad” O en  pag 143. O “M divisa a Julia, que habla dentro con Virginia. Han debido atracar juntas la misma tienda de trajes de lentejuelas”. Y es una novela que trata muchos temas, las crisis de valores de la actual sociedad, el desclasamiento social, el aborto, el machismo latente desde la infancia, el fracaso de los ideales, la corrupción social, laboral, pero también la pederastia en colegios de curas y el acoso escolar entre los propios niños y los hace sin limar aristas, hundiendo el cuchillo de la literatura en el cadáver de una sociedad en descomposición. Como toda buena novela es un lugar habitable, pero hay novelas que son casas de planta baja y novelas que se alzan como edificios de doce plantas. Depende de la ambición del arquitecto. Los materiales para construir una casa de planta baja o un edificio de doce plantas son los mismos, pero la pericia del arquitecto es fundamental. Algunos autores suelen comenzar construyendo una cabaña de paja, pero Leonardo Cano ha optado por levantar el edificio de doce plantas o adentrarse en un circo de tres pistas. Y pistas es lo que no pretendo dar sobre esta novela no sea que me acusen de ser un spolier. Pero algún tipo de cebo tengo que ponerles para que piquen ustedes se vengan a vivir durante unas horas a este lugar donde elhijodelRana, Moya y Fauró conviven en tres tiempos y en tres tramas que  hábilmente se anudan en un nudo marinero al final de la novela. Y es que Leonardo Cano es un escritor potente, en la estela de Mario Vargas Llosa, a quien tanto admira, pero también  fuertemente influido por autores como del Bret Easton Ellys de “American Psycho, o John Cheever, o Saul Bellow y que igual que si construyera un tapiz va cruzando y descruzando los tres hilos de la trama con una precisión implacable hasta que la imagen que pretende darnos de estos personajes desde sus primeros años en el Bosco hasta esa edad media donde parece que ya hemos perdido todas las batallas y el cómodo fracaso de la rutina se ha impuesto a la utopía de los sueños se torna nítida, pero no del todo, porque gran parte del encanto de una novela como “La edad Media” es que la solidez de su estructura a tres bandas y voces distintas y distantes, permite que aparezcan las grietas y las contradicciones de todo ser humano. Al final es tan importante la imagen que nos muestra el tapiz como esos pequeños huecos que dejan pasar la luz en el trenzado del tapiz. Quiero decir con esto que esta es una novela donde lo que se dice no es tan importante como lo que se calla, los silencios, que las revelaciones son tan solo la punta del iceberg y que por debajo de la línea de flotación de la historia hay más leña de la que arde. Para leer correctamente “La edad media” hay  que comprase un bloc de notas y un bolígrafo a ser posible Bic y  saber leer entre líneas, como si estuviésemos leyendo un poema, y hay que dominar el arte de cambiar de voz como los ventrílocuos y ser, también,  un optimista radical para sobrevolar su pesimismo esencial y que cuando lleguemos a esa frase final que cierra la novela: “Y es imposible que esta sea nuestra historia” , el contenido de “La edad media” no nos afecte más allá de lo estrictamente imprescindible. Aunque a buen seguro que como sucede con  toda buena novela ya nos habrá afectado más allá de lo estrictamente imprescindible. No quisiera acabar esta reseña sin elogiar a los editores que se arriesgan a publicar autores nuevos y que apuestan por salirse del canon establecido por las grandes editoriales. Creo que Editorial Candaya compartiría plenamente estas palabras, sacadas como las que encabezan este texto de la novela “Sudor” de Alberto Fuguet. Va por ellos. Editar es, al final, un modo de intervenir en los l debates. A veces es iniciar el debate, otras veces implica cerrarlo o mantenerlo vivo. Me deleita ver gente en el metro o almorzando sola con un libro que nació de mí o con mi ayuda. Me encanta cuando algo que edité pasa a las redes sociales, es un meme, aparece en Instagram. Para eso hay que trabajar libro a libro, que cada libro tenga su propia lógica y resulte, incluso los que no lograron seducir o ser entendidos. Lo importante, creo, es que yo este convencido, que ninguno me provoque culpa o vergüenza, que cada uno, a su modo y siendo fiel a sí mismo, me parezca digno de leer. 


domingo, 1 de mayo de 2016

TRUMBO LA LISTA NEGRA DE HOLLYWOOD JAY ROACH


Que una película como "Trumbo" [2015] dirigida por Jay Roach haya tardado meses en estrenarse en España y que además se estrene con un subtitulo "La lista negra de Hollywood", da una idea del nivel intelectual bajo mínimos de los distribuidores españoles y posiblemente también de los espectadores que acuden masivamente al cine a ver el cine precocinado que nos enlatan últimamente. Éramos cinco en la sala, aunque hay que reconocer que también era sábado por las noche y última sesión. Así nos va. El cartel tampoco ayuda, es más deslumbrante de lo que la película ofrece. Es como si nos vendieran un libro por la tapa. Lo apasionante de "Trumbo" es la interpretación de todos los actores y la defensa de la dignidad personal. Seguramente lo de poner el subtitulo aclaratorio es porque pocos espectadores de los que hoy van al cine sabrán que Dalton Trumbo fue uno de los más reputados guionistas de la época dorada de hollywood  - autor del guion de Vacaciones en Roma o de Espartaco, por ejemplo, pero también de Éxodo-, y uno de los 10 represaliados por negarse a declarar en el  tristemente famoso comité de actividades antiamericanas que buscaba comunistas hasta debajo de las piedras y que estuvo activo hasta 1975. La película es su actor principal Bryan Canstron. Trumbo no fue un hombre fácil y sus contradicciones aparecen relativamente bien señaladas en la trama. Un comunista que amaba el dinero. Pero también un hombre integro y digno que no se dejó doblegar por el sistema. Conceptos como la amistad y la traición se dan la mano. Salen actores famosos que se posicionan en un sentido u otro. Algunos apuntes de comedia ayudan a quitar parte del hierro al asunto. Eso y el personaje pasado de rosca de Helen Mirren interpretando a la odiada Louella Parson. En cierto sentido es una película desequilibrada, pero sus defectos son defectos menores. Y el alegato final de Trumbo cuando le entregan el premio es emocionante por cuando comenta y deja entrever sobre la condición humana.

domingo, 17 de abril de 2016

KIKI, EL AMOR SE HACE PACO LEÓN



Hay días en los que uno está destrozado anímicamente y le apetece ver algo que no le haga pensar demasiado en sus circunstancias vitales y en el nefasto futuro por venir. En las circunstancias vitales de la vida en general y en el nefasto futuro en particular. Lo mejor es ligar con alguien o irse a ver una película erótico festiva. Así se promociona la última película de Paco León: "Kiki, el amor se hace". Hay que tener narices para estrenar una película con ese título. Uno tiene la impresión de que los espectadores van a salir pitando de la sala o que se van a encontrar la sala repleta de frikis con un sin fin de parafilias sexuales como las que nos describe la película. Pero no, "Kiki" no solo es una película agradable de ver, muy bien interpretada y completamente desprejuicidada, sino que ofrece grietas por las que el espectador medianamente inteligente -creo que me estoy pasando con las palabras terminadas en mente-, puede repensar lo que le están contando y sacar sus propias conclusiones. Son varias historias que solo coinciden al final, sobre personajes, unos masculinos y otros femeninos que sufren algún tipo de trastorno sexual que les lleva a excitarse por ejemplo con el tacto de una determinada tela, con ver llorar a su amante, con la violencia de un encuentro sexual forzado o de un cuerpo dormido. Hay otras parafilias colaterales. Aquellos que se excitan con las bragas usadas que vende una adolescente o con los árboles -dendrofilia-. La película no es perfecta, nada en esta vida lo es, y lo que es mejor carece de  prejuicios verbales. Gran parte de su humor es verbal y procede de la manera de hablar de los personajes, de sus monólogos. Inapagables las secuencias del Paco León en los aseos del club de intercambio sexual o la de la llamada a un teléfono erótico realizada por un sordo que necesita traducción visual simultánea. Vamos, que si tienen una mala tarde y no tienen prejuicios a nivel erótico o similar, no tienen más que acercarse a alguno de los cines donde se exhibe "Kiki, el amor se hace", quizás encuentren en ella mucho del encanto y la verdad que Pedro Almodovar ha perdido en su última película.