domingo, 7 de mayo de 2017

NEFANDO, MÓNICA OJEDA


"Para escribir hay que ser uno mismo porque es lo único que podemos ser". Kiki Ortega.

 Pocas cosas eran tan importantes como encontrar la palabra expresiva, se lee en la primera página de "Nefando" [Editorial Candaya, 2016] escrita por Mónica Ojeda [Guayaquil, 1988] y, en qué otra cosa consiste la literatura sino en encontrar la palabra expresiva. En la página siguiente, se vuelve a reflexionar sobre el acto de escribir y, creo yo, se nos da una de las claves de esta breve e intensa novela:" ¿Qué tan difícil podía ser escribir sobre la sexualidad de tres niños? Una novela sobre la crueldad, una novela destinada a perturbar. Algo como Las tribulaciones del estudiante Törless, pero mezclada con Historia del ojo". Empezamos bien, Robert Musil y George Bataille en la misma coctelera. Un cóctel así puede ser complejo de combinar. El escritor siempre está al borde del abismo, resbalando por el filo de una navaja, entre la alta literatura y la pornografía elegante con pretensiones de ir un poco más allá de lo que se narra: "Con metáforas, quizás, podría salvarse de las construcciones ajenas. Ellos serían las moscas. Lo único que quería era decirse con su propia lengua. Los bichos que caen en telarañas no son inocentes. Lo único que quería decirse.  Mis personajes serán lo real y yo una ficción." En estas primeras páginas que en la novela se suponen escritas por Kiki Ortega, 23 años. Becaria FONCA, uno de los seis personajes principales de "Nefando" se hallan la esencia y algunas de las estrategias del texto escrito por Mónica Ojeda. " Tenía que ser posible crear un lenguaje que no se remordiera. Su intención, la más honesta de todas, era la de explorar lo inquietante; la de decir lo que no podía decirse. ¿Hay algo más humano que los deseos y los temores y la indiferencia a los deseos y a los temores del otro? En los prohibido estaba todo principio creador." Otra cosa es que lo que viene  después nos guste más o menos. He leído algunas reseñas que la proponen como una obra maestra y quizás crean unas expectativas desorbitadas con respecto a lo que la novela ofrece, que es mucho y de alta calidad y perturbador y original, pero que para mi gusto - solo soy un lector frente a la historia que se me cuenta-, no termina de ser una obra redonda. Pero quién necesita obras redondas y perfectas. Alguien afirmó alguna vez en un poema que la perfección es estéril porque no puede procrear. No se trata de que la historia que se nos cuenta sea perfecta, cerrada y redonda, porque quizás de ese modo nos excluya, sino de que nos  coja por alguna parte del cuerpo, a ser posible pudenda, y nos implique en lo que se nos cuenta. En ese sentido Mónica Ojeda lo logra, con esta historia de seis personajes que comparten piso, secretos y parafilias en Barcelona. La ya mencionada Kiki Ortega, aspirante a escritora de novelas pornográfica, Iván Herrera, 25 años,  master en Creación Literaria y con tendencias sadomasoquistas; el Cuco Martinez, 29 años, hacker, scener, diseñador de videojuegos y y ladrón de turistas en ratos libres, y los hermanos Terán:  Irene, Emilio y Cecilia sometidos a todo tipo de vejaciones sexuales por su progenitor. La novela se podría ver como una especie de seis personajes en busca de autor, pero es muchas cosas. La novela se articula en forma de entrevista  a los diversos personajes en torno a una investigación sobre el videojuego que da titulo a la obra. Dice A. Olmos en su reseña  de la novela que no hay escritor joven que haya podido escapar del influjo de Roberto Bolaño. La estructura remite a él, pero intercala la novela breve que escribe Kiki Ortega, y hay un capítulo contado por Emilio Terán, que en sí mismo es un cuento con todas las de la ley. Hay referencias literarias, cinematográficas y de otro tipo que intentan barnizar la dureza de lo que se nos cuenta: kafka, Hemingway, Onetti, Sade, Mishima, Eric Rohmer, Sterne, Sebold, Montaigne, Thomas Mann, Alina Reyes, S. Masoch, Philip K. Dirk, Moebius, Asimov, H.G. Wells, Dario Argento, Milo Manara, Russ Meyer, Armonia Somers,  Ralf König, Ursula K. Leguin, Ayn Rand, Griselda Gambaro, Alejandra Pizarnik. Cada referencia es una especie de caramelo o recompensa para el lector. Cada referencia abre una puerta a un mundo paralelo. Como excavar un pasadizo en el pasillo de ese piso  compartido donde quizás el sexo alternativo, la pornografía, la pedofilia, el incesto y la degradación conviven con unos personajes que se asumen a través del acto literario. Lo mejor de la novela o entre lo mejor de la novela es el desparpajo  y la convicción  y la mano firme con los que la autora se aplica a narrar los hechos por muy bizarros que estos puedan ser. Nadie en esa clase sabía cuánto odiabas tu pene erecto, cuánto querías arrancártelo y tirarlo al váter. Era una enorme sanguijuela  chupándote la vida de la pelvis. En la página siguiente, se da una buena definición de literatura como un vómito eyectado por gente como tú, llena de duplicidades y máscaras. Interesante es también la reflexión sobre la escritura y el propio cuerpo: Sabías  que la escritura no podría hablarte de tu carne. Solo el dolor era capaz de construir un discurso del cuerpo-no-tuyo, pero el dolor era intransferible e inexpresable para el lenguaje.  Son por este tipo de reflexiones sobre la escritura y el sexo en toda su amplitud por lo que "Nefando" me interesa especialmente y se puede considerar una novela de alto voltaje literario. El otro tema, el de los seis personajes y sus soledades y frustraciones encerrados en el laberinto de un piso en Barcelona, es la trama para la reflexión, como la estructura de entrevista de la novela es el armazón que sostiene reflexiones que raramente dejarán impertérrito al lector que se acerque a estás páginas -apenas 200-, escritas con un estilo preciso y sinuoso. Como muestra un botón: ¿Qué diferencia hay entre una santa mística y una mujer que le pide a su pareja que le eche cera caliente en la espalda y que le meta el puño por el culo? La pregunta tiene una solución en la novela, pero para los que no la han leído, la dejo en el aire, por si buscan alguna respuesta alternativa. La novela está cuajada de este tipo de hallazgos deslumbrantes que van un paso más allá de lo políticamente correcto. Cuánta dureza la de las oraciones gramaticalmente correctas. Me pregunto si tendré el valor de suficiente para escribir mal. // La adultez es la pérdida de lo frágil. // ...la escritura se parece a la infancia. // La irreverencia se parece a la escritura que bebe de los tropiezos. // Tropezar es imprescindible para narrar lo caído.// Quiero escribir para darle justicia a mi vergüenza. //...mi vergüenza será el bastión de mi lengua novelada Eso es lo maravilloso de leer una novela, cuando la leemos y la subrayamos escribimos la novela que para nosotros hay dentro de la novela que ha escritor el autor. Cada lector puede encontrar su propia novela dentro de una buena novela. "Nefando" lo es. Una novela que te salpica y te remueve y no te deja indiferente. Tengo una amiga a la que no le gustó y otra a la que le ha gustado tanto que dice que le faltan cien páginas. Para mi gusto quizás le sobren diez o quince páginas. No sé. Solo es una impresión. Por lo demás ofrece tanto  esta novela que uno debería volver a leerla de vez en cuando para no olvidarse de que:  Los poemas no son agradables, al menos no los que son buenos. La poesía que verdaderamente vale la pena es la que te deja caer. Imposible no salir quebrado de eso. Pues ya lo saben. Un poema en prosa sobre los deseos más oscuros del ser humano. Una narración hipnótica que te resquebraja poco a poco hasta romperte por dentro y arrojarte al pozo de tus propios miedos, esos que nacen en la infancia y de desarrollan  y reflejan en la literatura.

miércoles, 19 de abril de 2017

EL SOLDADO ASIMÉTRICO, ANTONIO MANUEL


"El soldado asimétrico" es un título magnifico. Estoy a favor de los narradores y poetas que saben titular sus obras. El título es la mitad del libro o del poemario. En este caso, la novela escrita por Antonio Manuel [Almodóvar del río, 1968] y publicada por Berenice, responde a lo que su título y  la primera línea que aparece en la contraportada promete: "Mi vida se fue a la mierda el día que lo conocí".  Se nos vende como una novela sobre el amor y la traición, sobre la guerra civil y la política, sobre la moral de unos personajes sin aparente moral y sobre todo se nos vende como una novela con un profundo aliento poético. Cuando uno escucha aliento poético junto al término novela lo mejor es poner pies en polvorosa. No es el caso. De todo lo que prometen el título y la contraportada hay en sus apenas 144 páginas que relatan la vida fragmentaria de un protagonista sin nombre que ha perdido un pie y se ha enamorado de que hombre que en la Copa de las Naciones  de 1964 debía asesinar al Generalísimo. Contado así el argumento de la novela es un puro dislate, una locura maravillosa, donde la casualidad o la no casualidad son parte intrínseca de la trama. Leída resulta conmovedora a ratos y brutal en otros momentos porque radiografía el alma de un ser humano con sus contradicciones. Luces y sombras de un amante desequilibrado. Los capítulos son cortos, no se agobien, aunque densos.Tampoco se agobien. Los párrafos han sido  limados hasta construir frases de una sola palabra o de dos o tres, que dicen mucho más con sus abruptas elipsis, que un párrafo descriptivo completo. Y luego esparcidos por el entramado de la novela página si y página también aforismos contundentes. A veces la trama es lo de menos, a veces lo importante es lo que queda cuando uno se desentiende de la trama y repasa lo subrayado durante la lectura. " Me duele la vida que debí haber vivido", "Con la muerte, la persona se convierte en cadáver y su patrimonio en herencia", "Nadie puede escapar la único dilema del destino, o eres lo que pareces, o pareces lo que eres", "La culpa y la decadencia son hermanas siamesas", " La depresión es un melanoma invisible que carcome la luz de los ojos hasta convertir el alma en un pozo", "La ignorancia no está reñida con la mala fe", "Tener razón sin tener en cuenta al otro equivale a un asesinato emocional", "No ser consciente del daño que haces más que disculpa es agravante", "El amor que obvia la opinión de sus destinatario es egoísmo", "Los estados son un espejo de las personas que los toleran", "El mal se halla en la esencia de las cosas", "El lenguaje de los gestos es infinitamente menos confuso que el de las palabras", "Las alcantarillas y la guerra están llenas de  fosas comunes que hablan más y mejor de lo que fuimos que cualquier informe arqueológico", "No hay nada más vejatorio que vivir en vano", "El poeta es el soldado más herido", "Amante es quien ejerce el amor con  fuerza centrifuga", "La geometría espacial de los amantes admite poliedros de caras infinitas", "La realidad es que todos los seres humanos tienen derecho a ser cobardes y muy pocos el deber siquiera de parecer valientes", "El héroe, como el gilipollas, es un amante universal de todos menos de sí mismo", "El silencio es el ruido de la ausencia", "Niños y amantes solo reivindican tiempo y existencia", "La culpa es la medida del tiempo", "Las relaciones personales son por definición deficitarias"...Y así podría seguir extrayendo estos aforismos que puntean la trama y la enriquecen para el lector interesado. También hay más de una interesante reflexión sobre la poesía, sobre el fracaso de la poesía y del poeta. "Brindemos. Por la poesía. Y por ti (mirándome), por vosotros, falsos poetas. Porque si en verdad lo fueseis, deberíais condenadores a vivir. A destruir y destruiros. Porque no hay poesía sin vida, ni vida sin libertad, ni libertad sin destrucción, ni destrucción que no fracase y termine con la muerte del poeta".  La destrucción empieza por uno mismo. Y la poesía también. Como la mayor parte de la literatura, de la buena literatura. "El soldado asimétrico" lo es en un porcentaje bastante elevado, aunque no este al alcance de todos los públicos. Quien la lea habrá comenzado su propia demolición. 

lunes, 17 de abril de 2017

MÁS ALEMÁN QUE HITLER GUILLERMO FADANELLI


Algunos libros se deberían vender con una faja que indique algo así como "Solo apto para lectores insensibles".  "Más alemán que Hitler" de Guillermo Fadanelli, publicado por la editorial Cal y arena en 2001, es uno de ellos. Solo apto para lectores insensibles, aunque los lectores insensibles siempre son los más sensibles y los más críticos. Literariamente. Yo suelo ser bastante insensible, pero aún así este libro de relatos me ha perturbado considerablemente. Perturbación moral y literaria, se entiende. Hay que aprender a leer obviando el tema. Este libro contiene un tipo de tristeza residual que como ciertas enfermedades de transmisión sexual resulta difícil de erradicar. Son catorce relatos breves que te empujan contra las paredes de tu zona de confort y que te golpean donde la piel se te ha endurecido y encallecido. Estos relatos duelen porque están escritos desde una visión nihilista del mundo. Algunos confundiendo fondo y forma, voz y mensaje, dirían que incluso machista. Se habla  del sexo como aniquilación o dominación. Se habla del dolor de la vida como pérdida y fracaso, entrega y limitación. A ciertos lectores quizás se les indigeste la crudeza del lenguaje con el que están escritos. Como si estuvieran escritos con sangre y esperma, vitriolo e ironía. Pueden que algunos no capten la ironía y se queden en la crudeza del lenguaje. "Si me acosté con ella fue por equivocación", comienza uno de los relatos. Más adelante afirma: "Era fea como un escupitajo, pero muy elegante". Viva lo políticamente correcto. Algun lector se rasgará las vestiduras, pero quién crea buena literatura ateniéndose a lo políticamente correcto. Pues eso. Y un poco después culmina: "...fue ella la que me arrebató los pantalones y comenzó a propinarme unos cariñosos mordiscos en la verga, tan dura como sus piernas morenas." Es un cuento que habla sobre una simple confusión. Casi un chiste comparado con otros que hablan de por ejemplo de un marido que se acuesta con el cadáver de sus esposa, de dos medio hermanos que se acuestan juntos  o de una adolescente huérfana sorprendida mientras practica sexo en los baños del colegio.  Algunos de los relatos son delirantes, como por ejemplo "Me llamo Urbana". Un relato sobre herencias morales y culpa donde el humor encubre en parte lo abyecto de aquello que se nos cuenta. La elección -entre fray Luis de León y Pierre Louÿs-, de la cita del anuncio en el periódico para elegir dama de compañía para un familiar que es un despojos humano desde que nació y que recuerda en cierto modo al soldado mutilado de "Johnny cogió su fusil" de Dalton Trumbo, pero con el don de la palabra es impagable.  Pero además "Más alemán que Hitler" posee otra virtudes. La Virtud de no tomarnos por lectores estúpidos y ofrecernos la frase exacta y el aforismo adecuado:  "Los estúpidos se entienden bien entre ellos, no cabe duda, y si se entienden a la perfección es que son más estúpidos todavía". Si no les he animado a la lectura compulsiva de estos relatos poco aptos para mentes sensibles, beatas y bienpensantes, aquí les dejo las primeras líneas del primer relato, que da muy bien el tono medio del libro y es toda una declaración de principios: "Hay una infeliz durmiendo plácidamente en mi recámara. No se trata de una extraña, sino de una mujer que ha vivido conmigo los últimos dos años de mi vida." Lo que viene después les está esperando en este libro publicado en 2001, pero cuya vigencia no ha decaído.

domingo, 19 de marzo de 2017

LOCAS DE ALEGRÍA, PAOLO VIRZI


Algunas películas parecen poca cosa.  Incluso parecen lo que no son. Como algunas personas. Algunas películas confunden.  Mucho y mal. “Locas de alegría” [2016]  película de Paolo Virzi [Livorno, 1964] es una de esas películas que llevan a engaño. No son lo que parecen o no parecen lo que son. Sobre todo si nos dejamos llevar por el cartel que nos vende la película. Ese coche rojo, esas dos mujeres huyendo hacia ninguna parte. ¿Una mala fotocopia de Thelma y Louise de Ridley Scott,  veinticinco años después?  Qué mala manera de ofertar el producto. Sobre todo cuando “La pazza gioia” [La alegría loca],  bastante mejor titulo el original, se vende sola y bien. Aquí tenemos dos mujeres y una fuga, pero los parecidos con la película de R. Scott acaban en el enunciado. Valeria Bruni Tedeschi [Turín, 1964]– absolutamente deslumbrante, como casi siempre- y Micaela Ramazzotti, se fugan de unos de esos manicomios que por hipocresía social se denominan casas de reposo.  Legalmente están locas. Son personas que han perdido el norte y los papeles. Queda bien que sean unas sin papeles. No tienen dinero ni documentos. Su huida hacia ninguna parte es una sucesión de desastres más o menos cómicos entre los que se filtra el drama de ambos personajes. En este sentido es una comedia dramática perfecta.  La comicidad nace de la diferencia  de edad, social y de carácter de ambas mujeres, pero lo que se nos cuenta es de una dureza extrema, devastadora –la locura en estado puro-, aunque se nos cuente con guante de seda. Y es que en una obra de arte sea, narrativa, poesía o fílmica, lo que se nos cuenta es importante, pero cómo se nos cuenta es todavía más importante. La forma y el tono lo son todo. Aquí tenemos dos mujeres marginadas por la buena sociedad bienpensante porque en algún momento de sus vidas cometieron un error, perdieron los papeles, ya lo he dicho, y una vez que se pierden los papeles no hay vuelta atrás. El personaje de Micaela intenta suicidarse con un hijo pequeño para evitar que se lo quiten, el interpretado por Valeria Bruni Tedeschi  hija de familia noble y casada con un abogado relacionado con las altas esfera se enamora perdidamente, pierde el juicio, por un estafador macarra que la desprecia. Ambas tienen que asumir sus errores y sus miedos, aunque no los entiendan racionalmente.  La película destila humor y a ratos una ironía hiriente, el personaje de la madre noble de Valeria, pero se impone una ternura más agria que dulce. Queda un retrato convincente de dos personajes perdidos, no tan  ajenos a la realidad como parecería, que a falta de los demás se tienen a sí mismas. El viaje a ninguna parte que emprenden al comienzo de la película ambas mujeres la devuelve al punto de partida, pero ya no serán las mismas que escaparon, han aprendido por el camino y en el aprendizaje está la fuerza para afrontar el futuro.  Yo no sé de ustedes, pero si tienen algún cine a mano donde la hayan estrenado compraría un billete. Es un viaje que merece la pena.

EL VIAJANTE, ASGHAR FARHADI



 La última película de Asghar Farhadi [Khomeyni Shahr, 1972] no es una película cómoda ni complaciente para pasar una tarde de sábado en el cine. Tampoco cualquier otro día de la semana. Plantea dilemas, sobre todo dilemas morales. Intenta que el espectador piense y piense del modo correcto y se esfuerza por contarnos una historia compleja, con aristas y sin maniqueísmos. Con cambios del punto de vista, aunque haya un punto de vista predominante. La historia de este matrimonio, Emad y Rana,  al que un error nimio conduce a un infierno de dimensiones cósmicas está trazada  con exquisita elegancia y un sofisticado guión donde la palabra es primordial. No es vano Emad es profesor de literatura y actor en un grupo de teatro y Rana actúa en el mismo grupo. Están representando "Muerte de un viajante" de Arthur Miller. La obra tiene un peso específico en el desarrollo de la acción. Casi toda la acción transcurre en interiores, apenas se ve la ciudad, Y cuando estamos en el exterior los planos son cerrados. Los que transcurren en el coche, por ejemplo. Tras el incidente que provoca el drama, solo hay dos opciones: olvidar o incidir en la herida. Rana, quizás más inteligente que Emad opta por la primera opción, pero su marido entra en una espiral  que convertirá el drama personal de los personajes en una tragedia. Estamos ante una historia dura sobre el alma del hombre, sobre lo que nos mueve y cómo los condicionantes sociales y culturales nos empujan hacia las zonas más oscuras  e inhóspitas de nuestra alma. Lugares sin posibilidad de regreso una vez que se ha traspasado una determinada frontera. Es lo que aquí sucede. Emad es incapaz de ponerse en el lugar del otro y empatizar, cuando descubre quien es el causante de los hechos.  Se siente humillado, no comprende el silencio de su mujer y tampoco entiende su forma de afrontar la realidad. Lo que ha sucedido es un acto vergonzoso. Él es incapaz de olvidar, su egoísmo le conduce a la obsesión, a intentar resarcirse a través de la venganza. No por le honor de su mujer sino  por cómo le afecta socialmente a él lo que le ha sucedido a ella. Llevar la venganza hasta sus últimas consecuencias implica la destrucción de su relación con Rana. El final es sobrecogedor, los dos personajes frente a frente, mirándose a la cara, mientras los maquillan para representar la obra de teatro de Miller, pero también la farsa que a partir de ese momento será su matrimonio, porque cada uno sabe ya como es el otro. Un infierno compartido. Nadie gana, todos pierden.

sábado, 25 de febrero de 2017

LUCIÉRNAGA ALBA CERES


*Composición  8 de la serie Suturas

“…como si acabara de enterarme de que las luciérnagas hacían señales descifrables en beneficio de los espíritus extraviados…”   Pálido fuego  Vladimir Nabokov


Tener más de medio siglo y escribir heptasílabos y endecasílabos parece que es un impedimento para poder apreciar “Luciérnaga”  Kriller71-Kokoro [2017], el primer poemario de Alba Ceres [Nápoles, 1986] O al menos así lo interpreto, cuando al comentar que iba a leerlo, me dijeron: pero no te va a gustar. Supongo que uno es uno y sus limitaciones, pero que, a cierta edad, ya se te vea como alguien, anquilosado y esclerotizado mentalmente, duele aunque sea un poco. Y de dolor  va este texto. O de qué hacer con el dolor  y la enfermedad cuando se convierten en cuerpo, cuando se encarnan en un cuerpo amado –en este caso la madre-, y lo va destruyendo hasta aniquilarlo.  Con su dolor, Alba Ceres ha elaborado un poemario. Y digo elaborado porque no se trata de un desahogo sentimental vomitado en un instante de rabia e impotencia ante la pérdida de un ser amado. No. Alba Ceres ha despojado al dolor del alarido de la hojarasca, del griterío de las ramas, del aullido del tronco y lo ha dejado en la  esencia de la raíz.  “¿hay/ un tú/ en la/ ceniza/ algo/ cáncer/ algo/ suave?”. La autora de estos versos ha tomado entre sus manos el dolor y la ausencia y los ha transmutado en poesía susurrada, murmurada, casi entredicha.  “Luciérnaga” es un poemario desnudo, descarnado e intimista, que sobrecoge por su ritmo y por su singularidad. Se puede intuir por lo que llevo escrito que el poemario sí que me ha gustado, aunque el adjetivo no me parece el más adecuado, pero ninguno de los sinónimos de gustar se ajusta tampoco a lo que quiero expresar. Encontrar la palabra adecuada en poesía es siempre el problema. Pero lo fundamental no es que la palabra sea la adecuada sino que el poema nazca de una necesidad, de una grieta, de una herida. Poesía para cicatrizar la herida, pero no una poesía de apósitos y vendas circunstanciales sino una poesía meditada, casi gélida, que cicatrice la herida desde dentro. Así son los versos que ha escrito Alba Ceres. “arrastrado/ de sí/ el mundo/ ya no/ contiene/ palabras/ como moles / no sujetan/ la flaqueza/ de envolver/ lo que/ no es/…” Son versos que nacen de la aceptación, que nada tiene que ver con la resignación, donde la ausencia se torna presencia y la enfermedad tránsito.  Versos donde la autora ha suprimido todo lo anecdótico, todo lo trivial y baladí, incluidos los adjetivos y los artículos. Poesía desarticulada. Poesía de verbos y sustantivos. Poesía sustantiva y honda donde, en cierto modo, todos somos enfermos terminales y la luciérnaga deviene símbolo de precariedad existencial. “luciérnaga/ que/ pálida/ en el/ rastro/ dura/ duras/ lejos/ en la / muerte/ amas/ tierno/ tan/ aquí”.  La luciérnaga se extingue, pero su luz perdura, pálida y tierna, y cuando los adjetivos se utilizan adquieren una prestancia y una significación muy lejana al adorno y muy cercana a lo primordial y al sentimiento en estado puro. “Luciérnaga” de Alba Ceres es un poemario que habla de un tema tabú como es el cáncer, pero no es un libro impúdico, sino que no habla desde el pudor más hondo y con la metáfora más exacta. Se inscribe en una tendencia actual de poemarios que  hablan de la enfermedad como si quisieran contradecir aquella afirmación de Susan Sontag, a quien tanto admiro, de que no se puede hacer literatura sobre el cáncer, y que todavía me parece válida, ya que ella la utiliza en el sentido de que escribir sobre sobre la enfermedad estigmatiza y condena al enfermo desde el punto de vista social. Un tendencia actual que incluye poemarios tan diferentes como “La sentencia” de Santiago Castelo [Visor, 2015] o “El mal” José Daniel Espejo [Balduque, 2014].  Contradiciendo a Susan Sontang y también, porque no a Primo Levi, sí que se puede escribir poesía después del horror y desde el dolor y la enfermedad.  Nada hay aquí de exhibicionismo ni de golpes de pecho, hay canto, canto  roto, fúnebre si se quiere, pero no, es sobre todo canto, porque como decía Machado, se canta lo que se pierde, canto susurrado, balbuceo, poema, poesía. Les dejo con la  exquisita luz de esta luciérnaga y les recuerdo que solo existen 300 ejemplares. Adquieran una de ellas antes de que se extingan y la oscuridad del abismo vuelva a rodearnos.

domingo, 12 de febrero de 2017

CONFIGURACIÓN DE LA ÚLTIMA ORILLA, MICHEL HOUELLEBECQ


Que uno encuentre más vida y más poesía y más humanidad en el quinto poemario del escritor  francés Michel Houellebecq [1958], titulado; "Configuración de la última orilla" [Anagrama, 2016], aunque el poemario original es de 2013, que en la mayoría de los poemarios escritos por poetas españoles se me antoja un signo de hacia dónde se dirige  la actual poesía escrita en castellano. Quiero decir con esto que en los fríos y a ratos provocadores versos de Houellebecq late un dolor sordo, silencioso, un asco vital, una ternura hostil, una mirada desolada y despojada sobre la realidad  y el ser humano que poco tiene que ver con el estado contemplativo y autocomplaciente de mucha de la poesía que se publica actualmente y que parece ensimismada en mirar una piedra y creerse piedra y en abrazar un árbol y sentir el palpito del universo entero en ese abrazo. La poesía debe ser una lucha entre lo previsible y acomodaticio y el animal salvaje que subyace bajo la capa de cortés hipocresía cultural con que nos ha recubierto la sociedad. La mayoría de la poesía que leo últimamente es de un conformismo radical. Incluida la que las editoriales grandes venden como si fuese poesía  emergente, contracultural  y rebelde escrita por adolescentes no tan adolescentes, músicos, raperos, rockeros y adjuntos. ¿Dónde la grieta? ¿Dónde la herida? Sí que he encontrado eso que busco en los poemas del escritor francés. Poemas breves como destellos de un fuego gélido. Poemas que restallan en el aire como el látigo de un domador de monstruos. No es la vida acaso eso, un monstruo que acaba devorándonos. Y de eso nos habla Houellebecq, de la vida. Una vida donde el autor nos comenta que "Por toda compañía tengo un contador eléctrico". La soledad absoluta. La desolación que procede de los años vividos, cuando se aprende que en verdad estamos solos, completa y absolutamente solos, aunque seamos incapaces de vivir sin el contacto de otro ser humano, aunque sea a nivel sexual e instintivo: "Los hombres solo quieren que les coman el rabo". Como afirma el poeta: "Mi vida es un fiasco total".  Uno puede vivir en mitad de la derrota y del caos. Uno se adapta. Ni siquiera el sexo es una liberación  a cierta edad. Más bien se convierte en otra frustración."Cuando ya no te empalmas, poco a poco todo pierde importancia; Poco a poco todo acaba siendo opcional." La vida opcional es lo que nos deja la vida cuando ya nos ha arrancado los sueños y las esperanzas que nunca debimos soñar ni tener. "Nada es reparable en la vida, / Nada persiste tras la muerte". Ni siquiera el amor que alguna vez justificó la vida, porque el amor  acaba antes, se pierde antes. "Perder el amor es también perderse a uno mismo.// Ya no somos, en sentido estricto, más que sufrimiento." Pero a pesar de todo nos aferramos al sufrimiento, nos aferramos a la vida, porque no nos queda otra cosa a la que aferrarnos. "Quienes temen morir temen, de igual modo, la vida". Puede que el problema esté en nosotros, en los poetas, en esos seres desgarrados que viven la vida preguntándose su sentido y que, quizás, lo sencillo sería, aceptar las cosas tal cual vienen, sin preguntas, sin respuestas. "La vida está ahí, casi dócil, / Simplemente no he tenido suerte". El poeta sigue a vueltas con la vida. "Es la cara B de la existencia". "Cualquier futuro es necrológico". "La vida no tiene nada de enigmático". "Y la fascinación es una segunda vida". "Mi vida es un fiasco total".  Alguna gente se  aferra al amor o a la religión o a las drogas o a cualquier atisbo de luz en mitad de la penumbra de este valle de lágrimas. Houellebecq no. " No existe el amor / (No el de verdad, no lo suficiente) / Vivimos sin ayuda, / Morimos abandonados". Así vista, la existencia se convierte en pura desesperación en las páginas de un libro " Escrito por un cabrón / Y leído por cretinos".  En esa existencia el autor escenifica su propia muerte. " Una muerte suave y deliciosa / En un aeropuerto pequeño // Pon tu lengua sobre mi polla / Antes de que no haya nada de nada". El pesimismo radical del autor se ajusta muy bien a la estructura en ruinas de la vida. Y para rematar o dejo el poema que más me ha gustado de esta "Configuración de la última orilla". Poesía para náufragos.
                     
                         Existir, percibir

                         Existir, percibir,
                         Ser una suerte de residuo perceptivo  (si se puede decir así)
                         En la sala de embarque de la terminal 2D de Roissy,
                         Esperando el vuelo con destino a Alicante
                         Donde mi vida proseguirá
                         Durante algunos años aún
                         En compañía de mi perrito
                         Y de las alegrías (cada vez más breves)
                         Y del aumento regular de las dolencias
                         En esos años que preceden de forma inmediata a la muerte.